
El bloque «Innovación y talento humano al servicio de la salud: hacia un sistema inteligente para formar, cuidar y prevenir», desarrollado en el marco de CADE Salud 2026, puso en agenda la necesidad de identificar y priorizar capacidades tecnológicas, organizacionales y formativas que permitan avanzar hacia un sistema de salud peruano más preventivo, integrado e inteligente.
La discusión enfatizó la articulación efectiva entre el sector público, privado y académico como condición clave para lograr transformaciones sostenibles, con foco en la adopción de tecnologías, el fortalecimiento del talento humano y la mejora de la gobernanza del sistema. Aquí presentamos el punto de vista de cuatro expertos en el tema.
Aníbal Velásquez, investigador senior de la Facultad de Salud Pública y Administración de la UPCH
Sostiene que para que una alianza público-privada en salud digital funcione se requieren tres condiciones clave: «interoperabilidad como regla, no como opción; innovar sobre problemas públicos y no solo sobre mercados rentables; y una gobernanza clara, donde el Estado actúe como arquitecto del sistema». Precisó que esta gobernanza debe generar confianza mediante reglas claras y transparencia, asegurar sostenibilidad con financiamiento de largo plazo y capacidades locales, y garantizar seguridad en la protección de datos.
En relación con la inteligencia artificial, advirtió que esta «no corrige sistemas débiles, sino que los hace más evidentes», al amplificar problemas estructurales como la fragmentación, los incentivos mal alineados o la ausencia de gobernanza.
Asimismo, sostuvo que el principal desafío del país no es la falta de innovación, sino la ausencia de condiciones habilitantes básicas como conectividad, interoperabilidad y una historia clínica electrónica común. En ese marco, indicó que mecanismos como las asociaciones público-privadas y las Obras por Impuestos pueden acelerar la transformación digital, especialmente en telesalud y conectividad en regiones.
Velásquez también enfatizó que el sistema de salud peruano está diseñado para «pagar enfermedad y no prevenirla», lo que desincentiva la inversión en tecnologías preventivas, ya que reducir atenciones puede implicar menores ingresos o ejecución presupuestal en el corto plazo. Por ello, sostuvo que el cambio más urgente no es únicamente normativo, sino de gobernanza y financiamiento que haga viable la prevención.
Añadió que el principal cuello de botella no es tecnológico, sino decisional, ya que existe una alta cantidad de pilotos que no escalan ni se integran al sistema, lo que limita el impacto de la innovación. En esa línea, remarcó que innovar implica tomar decisiones estructurales, cambiar incentivos y sostener soluciones en el tiempo.
Finalmente, propuso medidas concretas como establecer el uso obligatorio de una historia clínica electrónica interoperable con estándares internacionales, fortalecer la conectividad en todos los establecimientos de salud, expandir la telemedicina en el primer nivel de atención dentro de redes integradas y crear una Unidad de Gestión de Innovaciones que permita validar, adoptar y escalar soluciones, articulando al sector público, privado y académico.

Zulema Tomás, directora general del Instituto Nacional de Salud del Niño de San Borja
Señala que uno de los elementos clave para avanzar hacia un sistema de salud más preventivo es la interoperabilidad, junto con el uso de la historia clínica electrónica. Señaló que, si bien existen diversos sistemas, lo fundamental es que los datos puedan integrarse para resolver de manera efectiva la atención del paciente, especialmente desde un enfoque preventivo.
En ese sentido, destacó el potencial de herramientas como la telesalud y la inteligencia artificial para anticipar enfermedades como anemia, diabetes e hipertensión, reduciendo costos frente a un modelo centrado en el tratamiento. Como evidencia, indicó que el sistema de telesalud implementado en su institución —que incluye telemedicina, teleconsulta, teleorientación y telecapacitación— permitió ahorrar 35 millones de soles en 2025, al evitar traslados innecesarios de pacientes a Lima y facilitar la atención especializada en zonas donde no hay especialistas, contribuyendo incluso a salvar vidas.
Asimismo, subrayó que cerrar las brechas del sistema requiere principalmente decisión política, gobernanza y sostenibilidad, más allá de la disponibilidad presupuestal. Afirmó que, aunque desde el sector público ya se vienen desarrollando iniciativas como interoperabilidad, inteligencia artificial, impresión 3D y robótica, estas aún no se escalan a nivel nacional por falta de articulación con el sector privado.
En esa línea, resaltó el valor de las asociaciones público-privadas (APP), a partir de su experiencia de diez años en la gestión del instituto, donde estos mecanismos han contribuido a mejorar la calidad, seguridad y eficiencia en servicios como mantenimiento, limpieza y equipamiento. Consideró que este modelo puede extenderse al ámbito tecnológico, permitiendo incorporar innovación a mayor escala y en menor tiempo, y adelantó que se proyecta incluir componentes tecnológicos en futuros contratos de APP.
Finalmente, sostuvo que la articulación entre el sector público y privado es indispensable para lograr un sistema más eficiente y centrado en el paciente. Explicó que mientras el sector público opera bajo esquemas de presupuesto por resultados, el sector privado tiene mayor capacidad de escalamiento e implementación tecnológica, lo que facilita la transferencia de capacidades en ambos sentidos.
Remarcó que esta colaboración debe orientarse a resolver necesidades concretas, incluso compartiendo recursos especializados cuando sea necesario, con el objetivo común de salvar vidas. Como cierre, destacó la relevancia de espacios como CADE Salud para impulsar el debate y la participación en torno a estos desafíos, y subrayó que la salud debe ser una prioridad nacional, ya que, sin ella, no es posible el desarrollo económico.
Rafael Doig, médico cardiólogo y gestor en salud
Plantea que avanzar hacia un sistema de salud más preventivo exige una combinación coherente entre infraestructura digital interoperable y un talento humano preparado para utilizarla estratégicamente. En el plano tecnológico, destaca la necesidad de incorporar herramientas como inteligencia artificial para la gestión de riesgo poblacional, telemedicina, automatización de procesos administrativos y uso intensivo de datos para la toma de decisiones.
Sin embargo, enfatiza que estas capacidades deben ir acompañadas de una transformación en el perfil del recurso humano, que incluya alfabetización digital, uso crítico de tecnologías emergentes y una lógica de trabajo interdisciplinario orientada a la prevención. En ese sentido, no solo se trata de formar médicos, sino también gestores, personal de enfermería y tomadores de decisión capaces de integrar tecnología en la práctica clínica y organizacional.
Advierte que uno de los principales desafíos del sistema no es la disponibilidad de tecnología, sino su baja capacidad de adopción. Por ello, sostiene que cerrar la brecha entre gestión y uso tecnológico implica ir más allá de la implementación de herramientas y avanzar hacia una transformación organizacional.
Esto supone alinear interoperabilidad, rediseño de procesos y gestión del cambio con incentivos adecuados, de modo que la tecnología —particularmente la inteligencia artificial— contribuya a reducir la carga administrativa, liberar tiempo clínico y mejorar la calidad de la atención. Asimismo, subraya que este proceso requiere una gobernanza clara, regulación ágil y formación continua, ya que la innovación solo genera valor cuando se integra de manera efectiva en el sistema.
Desde su perspectiva, el enfoque debe centrarse en generar valor en salud, priorizando la prevención y los resultados clínicos por encima del volumen de atenciones.
En cuanto a los roles sectoriales, señala que el sector público debe liderar la gobernanza, establecer estándares de interoperabilidad y orientar la innovación hacia la equidad; el sector privado debe actuar como socio estratégico, aportando capacidad de implementación, eficiencia y modelos de gestión; y la academia debe asumir un rol activo en la transformación del talento humano, adaptando currículos y promoviendo formación continua en competencias digitales y preventivas.
Solo a través de esta articulación será posible construir capacidades sistémicas y asegurar que la transformación digital sea sostenible, ética y centrada en las personas.
Mery Vidal, gerente regional de Ingeniería Clínica y Dispositivos Médicos en Auna Perú, Colombia y México
Sostiene que avanzar hacia un sistema preventivo requiere un cambio estructural en el modelo de atención, pasando de «curar episodios» a «cuidar trayectorias de vida». Para ello, plantea la necesidad de alinear incentivos financieros con el bienestar del paciente, promoviendo la inversión en modelos de cuidado continuo. En ese contexto, la gobernanza debe facilitar que la tecnología preventiva sea reconocida como parte de la prestación básica de salud.
Destaca que el Estado debe asumir un rol protagónico no solo en regulación, sino también en la promoción de hábitos saludables. Asimismo, subraya que la academia tiene el desafío de redefinir la formación del talento en salud, incorporando prevención, analítica de datos y salud digital, además de impulsar investigación aplicada que respalde decisiones regulatorias y financieras.
En cuanto a la brecha entre gestión y tecnología, enfatiza que el foco debe estar en resultados en salud y no en volumen de servicios. Esto implica pasar de medir recursos a medir capacidad resolutiva, con indicadores como diagnósticos oportunos, continuidad del cuidado y seguridad del paciente. Advierte que sin una gobernanza articulada y sin talento capacitado, la innovación no escala ni genera impacto.
Finalmente, resalta el rol del sector privado a través de mecanismos como las asociaciones público-privadas, que permiten transferir tecnología, gestión e innovación al sistema público, ampliando el acceso y reduciendo brechas. Añade que la academia debe consolidarse como socio estratégico en la generación de soluciones, cerrando el ciclo de innovación y logrando que los desarrollos se implementen a gran escala en beneficio de la población.
