Si analizamos el sistema de salud peruano desde una perspectiva financiera, encontramos una anomalía estructural: seguimos subsidiando la oferta y no al ciudadano.

Hoy, el Ministerio de Economía y Finanzas transfiere recursos a hospitales y centros de salud en función de sus costos fijos (planillas, servicios básicos) independientemente de su desempeño. Atiendan bien, mal o no atiendan, el presupuesto llega igual. El resultado es previsible: no existe riesgo financiero por ineficiencia.

Para este año en el que habrá un nuevo Gobierno, necesitamos un cambio profundo: pasar del subsidio a la oferta al subsidio a la demanda. En términos simples, que el dinero siga al paciente.
Portabilidad: el paciente elige, el sistema paga.

El financiamiento, vía SIS o EsSalud, debe funcionar como una mochila que acompaña al usuario. Si la posta pública de su zona está colapsada y existe un policlínico privado eficiente, el paciente debería poder atenderse allí, y el Estado pagar esa prestación.

Este mecanismo introduce competencia. El establecimiento público deja de tener “usuarios cautivos” y debe mejorar tiempos, trato y eficiencia si quiere retener ese financiamiento. La competencia, bien regulada, no debilita lo público; lo obliga a mejorar.

Contratación inteligente: pagar por resultados, no por volumen.

Para que este modelo funcione, las IAFAS públicas necesitan mayor flexibilidad para contratar con IPRESS privadas, redes, farmacias y centros de diagnóstico. No bajo esquemas burocráticos pensados para comprar bienes, sino con reglas ágiles y transparentes orientadas a salud.

Además, no debemos pagar por cantidad de servicios (fee-for-service), sino por resolución de problemas. Se paga por diabético controlado, no por consulta realizada. Se contrata acceso, oportunidad y calidad. Así alineamos los incentivos del prestador con la salud del paciente.

Incentivos diferenciados: urbano y rural.

En zonas urbanas, la competencia mejora calidad y eficiencia. Las aseguradoras públicas deberían transparentar tarifas y permitir que distintos prestadores compitan por captar esa demanda.
En zonas rurales, donde no existe mercado privado denso, el incentivo debe centrarse en resultados sanitarios: reducción de anemia, control prenatal efectivo, disminución de mortalidad materna. Aquí el pago por desempeño fortalece al operador público.

Debemos dejar de ver al paciente como un beneficiario agradecido y empezar a tratarlo como un ciudadano con derechos. Ese es el verdadero fortalecimiento del primer nivel.

Segundo artículo sobre cómo fortalecer el primer nivel de atención, escrito por Hernán Ramos, gerente general de la Asociación de Clínicas Particulares del Perú (ACP)

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