El dengue ya no es una enfermedad limitada a la costa norte o la selva de nuestro país. En los últimos años se ha convertido en un problema de salud pública nacional. Tras eventos como el ciclón Yaku y el Fenómeno El Niño en 2023, vimos casos en prácticamente todo el país. Solo en 2024 se reportaron más de 273 mil casos hasta la semana epidemiológica 46, un incremento superior al 10% respecto al año previo.
¿Por qué ocurre esto? El cambio climático trae más calor y lluvias lo que favorece la reproducción del mosquito Aedes aegypti. El crecimiento urbano desordenado y el almacenamiento de agua sin protección también crean el escenario perfecto. Así resulta, que el mosquito puede vivir dentro y alrededor de las casas, donde pone sus huevos en agua limpia y pica principalmente de día. También debemos tener en cuenta que sus huevos pueden resistir meses en superficies secas.
La transmisión de la enfermedad se produce cuando un mosquito que ha picado a una persona infectada (especialmente durante la fase febril) pica a otra persona, entonces esta puede desarrollar la enfermedad.
También debemos tener en cuenta que existen cuatro serotipos (DENV-1, DENV-2, DENV-3 y DENV-4) del virus que produce la enfermedad. Si alguien se infecta con uno de los serotipos, queda protegido de por vida contra ese tipo, pero puede volver a enfermarse con los otros tres. Y una segunda infección puede aumentar el riesgo de tener dengue grave.
Fiebre alta, dolor de cabeza intenso, dolor detrás de los ojos, dolores musculares, náuseas o rash son síntomas frecuentes de la enfermedad. Sin embargo, si se presentan los llamados signos de alarma; como dolor abdominal intenso, vómitos persistentes, sangrados, somnolencia, crecimiento del tamaño del hígado o aumento de la hemoglobina y disminución del recuento de plaquetas, requiere atención hospitalaria inmediata.
La prevención es sencilla, pero exige constancia:
- Tapar bien los recipientes donde se almacena agua.
- Lavar y cepillar tanques y baldes una vez por semana.
- Eliminar objetos que acumulen agua.
- Cambiar el agua de floreros cada dos días o usar arena húmeda.
- Permitir el ingreso de brigadas de salud.
Los repelentes y mosquiteros ayudan, pero la fumigación sola no resuelve el problema. La clave es eliminar el criadero.
Recordemos siempre: sin agua acumulada no hay mosquito, y sin mosquito no hay dengue. La prevención empieza en casa y se fortalece en comunidad.
Por Dr. Leslie Soto, infectólogo e internista de la Clínica San Felipe
