Son las 2:17 de la madrugada. El teléfono suena en la sala de espera de la clínica. Del otro lado de la línea, una voz intenta transmitir calma, aunque la urgencia es evidente:
—Necesitamos más sangre.
Una familia se mira en silencio. Nadie sabe exactamente qué hacer. Algunos comienzan a llamar a amigos, otros escriben desesperadamente en grupos de WhatsApp preguntando quién tiene el mismo grupo sanguíneo. Afuera, la ciudad sigue su ritmo. Adentro, cada minuto pesa más que el anterior.
Historias como esta ocurren todos los días. Un accidente de tránsito, una madre con una hemorragia después del parto, un niño que recibe tratamiento contra el cáncer, un paciente sometido a una cirugía cardíaca o una persona con una enfermedad hematológica tienen algo en común: en algún momento de su tratamiento podrían necesitar una transfusión de sangre.
Y existe un detalle que pocas veces pensamos hasta que nos toca vivirlo de cerca: la sangre no se fabrica. No existe un laboratorio capaz de producirla. No hay una máquina que pueda reemplazarla. La única fuente de sangre sigue siendo la solidaridad humana.
Por eso, cada 14 de junio, el mundo conmemora el Día Mundial del Donante de Sangre, una fecha promovida por la Organización Mundial de la Salud para agradecer a quienes donan de manera voluntaria y, al mismo tiempo, recordar la enorme necesidad de contar con donantes habituales que permitan mantener un abastecimiento seguro para todos. Detrás de cada bolsa de sangre existe una historia de generosidad anónima. Quizá quien donó nunca conocerá el nombre del paciente que recibió su sangre. Tal vez jamás se crucen.
Sin embargo, ese gesto silencioso puede significar que un padre vuelva a casa con sus hijos, que una mujer sobreviva a una complicación obstétrica, que un paciente oncológico pueda continuar su tratamiento o que un niño tenga una nueva oportunidad de crecer.
Una sola donación puede beneficiar hasta a tres personas, porque la sangre se procesa y se separa en diferentes componentes: paquetes globulares, plasma y plaquetas. Cada uno cumple una función específica y puede ser utilizado por pacientes distintos, multiplicando el impacto de un único acto de solidaridad.
El desafío pendiente
En el Perú, la cultura de donación voluntaria todavía enfrenta un importante desafío. Menos del 10 % de las donaciones corresponde a donantes voluntarios y altruistas. La mayor parte proviene de la llamada donación por reposición, aquella que se realiza cuando un familiar o amigo necesita una transfusión y el entorno busca donantes para reponer las unidades utilizadas.
Aunque este modelo ha permitido atender miles de pacientes durante décadas, presenta una importante limitación: depende de que exista una emergencia para movilizar a los donantes. La donación voluntaria funciona de manera diferente. Es planificada, periódica y altruista. Gracias a ella, los bancos de sangre pueden mantener un stock disponible antes de que ocurra una emergencia.
Los países que han logrado consolidar esta cultura muestran resultados extraordinarios. España, Canadá, Francia, Reino Unido y Australia obtienen más del 90 % de sus unidades a partir de donantes voluntarios habituales, garantizando así un suministro estable y seguro durante todo el año. Ese es el camino que también buscamos construir en nuestro país.
Mucho más que un acto solidario
Donar sangre continúa siendo uno de los actos de solidaridad con mayor impacto en la salud pública. Cada donación pasa por un riguroso proceso que prioriza la seguridad del donante y del receptor. Antes de donar, se realiza una entrevista médica confidencial, una evaluación clínica, el control de la presión arterial, pulso, temperatura, peso y hemoglobina. Solo quienes cumplen todos los criterios pueden continuar con el proceso.
La extracción dura pocos minutos y se realiza utilizando material completamente estéril y descartable. Después de la donación, el organismo inicia un extraordinario proceso fisiológico de recuperación. El volumen de plasma se repone en pocas horas y la médula ósea comienza a producir nuevas células sanguíneas para reemplazar las donadas. Esta capacidad de regeneración demuestra la increíble adaptación del cuerpo humano y explica por qué una persona sana puede donar de forma periódica sin afectar su bienestar.
Pero el beneficio más importante no se encuentra en quien dona.
Está en quien recibe.
Está en esa llamada que ya no llega porque la sangre estaba disponible cuando fue necesaria.
Una responsabilidad compartida
Con motivo del Día Mundial del Donante de Sangre, en Clínica Tezza organizamos una campaña intramural dirigida a nuestros colaboradores con el objetivo de fortalecer la cultura de la donación voluntaria. Nos hubiera encantado contar con una participación aún mayor, porque sabemos que detrás de cada unidad donada puede existir una historia que termine de manera diferente. Aun así, queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a cada colaborador que decidió participar. Su compromiso representa mucho más que una donación. Representa empatía, responsabilidad, la convicción de que cuidar la vida también es posible cuando nadie nos está mirando.
Cada uno de ellos decidió regalar algo que no puede comprarse ni fabricarse. Tiempo. Esperanza y Vida.
El reto continúa
Construir una cultura de donación voluntaria no depende únicamente de los bancos de sangre o de los hospitales. Es una responsabilidad de toda la sociedad. Significa comprender que nadie está libre de necesitar una transfusión algún día. Que hoy podemos ser donantes y mañana pacientes. Que la sangre no tiene sustituto. Y que la mejor transfusión es aquella que ya estaba disponible antes de que alguien la necesitara.
En Clínica Tezza creemos que promover la donación voluntaria es promover una sociedad más solidaria, preparada y comprometida con la vida. Gracias a todos los colaboradores que participaron en esta campaña. Su ejemplo inspira a otros y nos recuerda que los grandes cambios comienzan con pequeñas decisiones.
Porque cuando el teléfono vuelva a sonar en una sala de espera y un médico pronuncie las palabras «necesitamos sangre», todos esperamos que, en algún lugar, alguien haya decidido donar mucho antes de conocer a la persona que iba a salvar. «Ese alguien puede ser cualquiera. Puede ser usted».
Nuestro Banco de Sangre atiende de lunes a sábado de 7:00 a.m. a 1:00 p.m. y de 2:00 p.m. a 5:00 p.m., donde nuestro equipo estará listo para acompañarte durante todo el proceso.
