Renovar ocho de cada diez equipos biomédicos sin afectar la atención de los pacientes es un reto significativo, no obstante, ello está por suceder en los Complejos Hospitalarios Alberto Barton y Guillermo Kaelin, ambos operados por IBT Group mediante el modelo de asociación público-privada Bata Blanca. El Programa de Reposición y Actualización de Equipamiento (PRAE), que IBT Group ha iniciado, contempla una inversión de US$ 55.9 millones en beneficio directo del medio millón de asegurados atendidos por ambos establecimientos.

Desde 2014, los Complejos Hospitalarios forman parte de un modelo que marcó un hito para el sistema de salud peruano; fueron los primeros establecimientos de Latinoamérica en operar bajo un esquema de Asociación Público-Privada (APP) de bata blanca, gestionado por un consorcio liderado por IBT Group en articulación con EsSalud. Más de una década después, ambos centros han sido reconocidos por ProInversión como referentes regionales de innovación en salud pública y cuentan con la acreditación de la Joint Commission International, estándar internacional que distingue a muy pocos hospitales públicos del país. Mantener estos niveles de atención requiere una renovación sistemática del equipamiento utilizado para diagnosticar, operar y monitorear a los pacientes. Los equipos de imagenología, laboratorio, quirófano y monitoreo tienen una vida útil determinada y, con el paso del tiempo, su envejecimiento puede limitar la precisión de un diagnóstico o la eficiencia de un procedimiento. El PRAE responde a esta necesidad con una intervención de gran magnitud: más de 10,500 equipos médicos y tecnológicos serán repuestos o actualizados en Barton, Kaelin y sus policlínicos. Por su escala, representa la actualización planificada de equipamiento hospitalario más grande ejecutada hasta ahora en un establecimiento público peruano y forma parte de la gestión de largo plazo asumida por IBT Group junto con la construcción y operación de estos complejos.

Modernización con propósito

El concepto que acompaña al PRAE, «Nos modernizamos para cuidar mejor», resume su propósito. No se trata únicamente de renovar tecnología, sino de convertir esa inversión en beneficios concretos para la atención de los pacientes. El programa considera equipos que intervienen directamente en la experiencia asistencial, desde diagnóstico por imágenes hasta instrumental de quirófano, monitoreo y laboratorio. Su implementación se desarrolla de manera escalonada para evitar que el proceso comprometa la operación cotidiana de los establecimientos. Este es uno de los principales retos del programa.

Renovar aproximadamente el 80% de los equipos biomédicos de dos hospitales de alta complejidad, que en conjunto atienden a alrededor de medio millón de personas, exige una planificación detallada para mantener la continuidad de los servicios durante todo el proceso. La intervención comprende distintas áreas, como hospitalización, emergencia, quirófanos, laboratorio, imágenes y consulta externa. El objetivo es que la renovación se produzca sin generar una afectación significativa para el paciente. En muchos casos, este no percibirá directamente el momento en que se realiza el cambio, pero sí sus resultados posteriores: diagnósticos más precisos, imágenes de mayor calidad o procedimientos desarrollados con mejores herramientas.

El programa también busca fortalecer la capacidad resolutiva de ambos Complejos hospitalarios. Para los asegurados, esto puede traducirse en una atención más completa dentro del propio establecimiento al que se encuentran adscritos. Este aspecto resulta especialmente relevante considerando que Barton y Kaelin son establecimientos de nivel II, concebidos para atender patologías de alta complejidad y contribuir a descongestionar otros hospitales de la red de EsSalud en Lima y Callao. Mantener actualizada su capacidad tecnológica es, por tanto, una condición necesaria para que continúen cumpliendo este rol con mayor precisión diagnóstica y terapéutica. Sin embargo, incorporar equipos de última generación no es suficiente. Para que la tecnología genere valor real, las personas encargadas de utilizarla deben contar con los conocimientos necesarios. Por ello, el PRAE contempla también la capacitación de médicos, enfermeras, técnicos y personal responsable del mantenimiento, a cargo de los propios proveedores del equipamiento.

Esta formación permite aprovechar las funciones avanzadas de los nuevos dispositivos y contribuye a que la inversión genere resultados sostenibles. Un tomógrafo, un ecógrafo o cualquier otro equipo de nueva generación alcanza su verdadero potencial cuando el profesional que lo utiliza conoce sus capacidades y puede ponerlas al servicio del paciente.

La calidad asistencial depende, en ese sentido, tanto de la tecnología disponible como de la experiencia y compromiso de los profesionales que trabajan diariamente con ella.

Una visión de largo plazo para la salud pública

El PRAE también permite plantear una reflexión más amplia sobre los desafíos del sistema de salud peruano. Construir infraestructura moderna constituye solo el punto de partida; el verdadero reto es garantizar que esa infraestructura mantenga su capacidad operativa, tecnológica y asistencial a lo largo del tiempo. La tecnología médica evoluciona rápidamente y puede quedar obsoleta antes que la propia infraestructura hospitalaria. Un establecimiento puede conservar sus instalaciones en buenas condiciones y, aun así, ver limitada su capacidad de atención si sus equipos de diagnóstico, tratamiento o monitoreo dejan de responder a las necesidades actuales. Por esta razón, la renovación tecnológica y la planificación del ciclo de vida de los equipos deben formar parte de una estrategia de gestión hospitalaria de largo plazo.

En este contexto, las Asociaciones Público-Privadas pueden contribuir a la transformación de la salud pública mediante un enfoque que articule inversión, operación y mantenimiento bajo objetivos definidos, indicadores de desempeño y mecanismos de seguimiento. Cuando existe una adecuada distribución de responsabilidades y supervisión, el modelo puede orientar los recursos hacia un objetivo común: mantener disponibles y operativos la infraestructura y los servicios con los estándares establecidos. La experiencia de Barton y Kaelin refleja esta lógica. Actualizar su equipamiento permite anticiparse al envejecimiento tecnológico y brindar a médicos, enfermeras, técnicos y otras profesionales herramientas adecuadas para trabajar con precisión y seguridad.

Además, los beneficios pueden extenderse más allá de cada establecimiento. En una red como la de EsSalud, fortalecer la capacidad resolutiva de un policlínico y hospital contribuye también al funcionamiento del sistema. Cuando un centro puede atender oportunamente más casos y resolver procedimientos de mayor complejidad, pueden reducirse derivaciones innecesarias, descongestionarse otros puntos de la red y facilitarse el acceso de los asegurados a servicios especializados. Así, una inversión en tecnología puede generar un impacto mucho mayor que el correspondiente al equipo específico en el que se realiza. Esta perspectiva permite comprender una APP en salud como una relación de largo plazo y no únicamente como una operación de construcción o adquisición. Infraestructura, equipamiento, tecnología, procesos y personas forman parte de un mismo ecosistema asistencial, cuyo propósito es garantizar la calidad y continuidad de la atención. Ese es también el sentido de «Nos modernizamos para cuidar mejor». La modernización no es un fin en sí mismo. Un nuevo equipo genera valor cuando permite obtener un diagnóstico más preciso; una nueva tecnología, cuando ayuda a tomar mejores decisiones clínicas; y una infraestructura, cuando permite atender a más personas de manera segura y oportuna.

Más tecnología debe traducirse en una mejor atención. Contar con equipos renovados fortalece la seguridad y confiabilidad de los procedimientos y brinda a los profesionales mejores herramientas para desarrollar su labor. En términos concretos, significa más capacidad, mayor precisión y mejores condiciones para cuidar la salud de los asegurados.

Detrás de cada equipo renovado, cada proceso optimizado y cada inversión realizada existe, finalmente, un mismo propósito: que las personas puedan acceder a servicios de salud más oportunos, seguros y resolutivos. Ese es el valor que debe orientar la modernización del sistema de salud y la búsqueda de mecanismos de colaboración capaces de contribuir al cierre sostenible de las brechas que aún enfrenta el país.

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