Cuando se habla de atención primaria en el Perú, casi siempre se piensa en las postas y centros de salud del Estado, y es comprensible. El primer nivel público es, y debe seguir siendo, el pilar de la salud de millones de peruanos. Sin embargo, quedarnos solo con esa mirada nos hace perder de vista parte de la realidad.

Según el Registro Nacional de IPRESS de SUSALUD, de las más de 24 800 instituciones prestadoras de servicios de salud registradas en 2024, alrededor del 62 % son privadas, mientras que el Estado sostiene unos 8 500 establecimientos del primer nivel entre MINSA y gobiernos regionales [1]. Es decir, buena parte de la oferta del país ya está en manos privadas, y muchas personas resuelven allí sus problemas de salud. Por eso queremos plantear que la atención primaria no es un asunto exclusivo del sector público, y que la experiencia del sector privado puede aportar mucho al conjunto del sistema.

Por qué la atención primaria sigue siendo la base:

Sabemos en salud pública que un sistema sanitario moderno debe organizarse sobre la base de la atención primaria, pues está probado que es la estrategia más eficiente para poner los servicios al alcance de las personas y romper las barreras de acceso. Un primer nivel con verdadera capacidad resolutiva puede solucionar la gran mayoría de las necesidades de salud de una población, evitando que los problemas lleguen a los hospitales ya complicados y por consiguiente también mucho más costosos. La pandemia nos dejó una lección dolorosa: al inicio se dispuso el cierre de los establecimientos del primer nivel, y hubo que rectificar meses después, cuando el costo en vidas ya era enorme.

A esto se suman brechas que no se cierran con rapidez. El gasto per cápita en salud del Perú fue de unos 523 dólares en 2022, frente a casi 3 900 del promedio de la OCDE [2]; contamos con 1,6 médicos por 1 000 habitantes, mientras en la OCDE son 3,8 [3]; y el propio MINSA estimó que cerca del 97 % de los establecimientos públicos del primer nivel tenía capacidad instalada inadecuada [4]. Además, debemos preocuparnos por la cobertura efectiva y no solo por la afiliación. Según la ENAHO del INEI, el 93,9 % de la población tenía algún seguro de salud en el tercer trimestre de 2025, pero solo el 40,4 % de quienes declararon un problema de salud crónico buscó atención [5]. De poco sirve estar asegurado en el papel si cuando se necesita una consulta no hay turno, no hay médico o no hay medicamentos. Frente a esta realidad hay que sumar capacidades, y el sector privado es una de ellas.

Lo que hemos aprendido en Clínica La Luz:

La clínica ha crecido en estos años, luego de más de quince años de trabajo, hasta convertirse en una red de alcance nacional. Hoy contamos con ocho sedes, ubicadas en Santa Beatriz, Breña, San Juan de Lurigancho, San Martín de Porres, Comas, Chiclayo, Tacna y Jaén, y muy pronto entrará en funcionamiento la nueva sede de Cajamarca. Varias están en distritos populosos y en ciudades del interior, donde la demanda es grande y la oferta de calidad es limitada. Nuestra convicción ha sido que los servicios deben estar cerca de la gente, en distancia, en tiempo y también en costo. Eso se ha traducido en un modelo que, modestamente, creemos contiene elementos valiosos para el conjunto del sistema.

El primero es ser una verdadera puerta de entrada con capacidad resolutiva. Buscamos que el paciente encuentre citas inmediatas o a la brevedad, con especialistas, equipos modernos, laboratorio y diagnóstico por imágenes, y que en muchos casos tenga sus resultados en horas o en el mismo día. Resolver oportunamente evita que los problemas de salud progresen o terminen en complicaciones mayores, El segundo es la continuidad y la prevención. La atención primaria no termina cuando el paciente sale del consultorio. Por eso realizamos campañas de detección precoz, chequeos médicos, programas de educación en salud y seguimiento de pacientes crónicos, para identificar los riesgos tempranamente.

El manejo eficaz en el ámbito ambulatorio de condiciones como la hipertensión, la diabetes o el asma reduce las hospitalizaciones, y con ello alivia la presión sobre las camas hospitalarias, un recurso sumamente escaso en nuestro sistema. El tercero es la gestión en red. Trabajamos con protocolos comunes, sistemas de información compartidos, historia clínica informatizada y mecanismos de supervisión continua, de modo que un paciente pueda atenderse en cualquiera de nuestras sedes con la seguridad de recibir el mismo nivel de calidad. A esto se añaden la telemedicina, las citas en línea y la entrega virtual de resultados, que ahorran tiempo y dinero a las familias.

El cuarto es la inversión en las personas. Capacitamos permanentemente a nuestro personal , pues la calidad depende de profesionales bien preparados. Contribuimos también a la formación de especialistas, con el Residentado Médico en Oftalmología y programas de subespecialización acreditados con universidades públicas y privadas, pues la escasez de recursos humanos es uno de los grandes cuellos de botella del sistema.

Y el quinto es el acceso económico. Hemos procurado siempre manejar tarifas al alcance de las mayorías, sin que ello signifique disminuir la calidad, gracias a prácticas eficientes en el uso de los recursos. Ampliamos además la cobertura mediante convenios con seguros e instituciones de financiamiento, y mantenemos nuestros programas de responsabilidad social para pacientes con dificultades económicas que requieren tratamientos y cirugías especializadas.

Un modelo que puede ser referente:

Somos conscientes de nuestras limitaciones. Ninguna institución privada, por sí sola, resolverá los problemas de acceso del país, y nuestra red, aunque ha crecido, sigue siendo pequeña en el contexto del sistema. Pero lo importante de esta experiencia no es su tamaño sino su lógica, que puede replicarse y escalarse. Un primer nivel que resuelve, que está cerca, que da seguimiento, que se gestiona en red, que usa la tecnología y que cuida el costo no es patrimonio del sector privado: son principios de buena gestión que deberían guiar también al primer nivel público.

Aquí conviene resaltar una ventaja del sector privado que ha sido valiosa en nuestra experiencia: la capacidad de innovar con agilidad. Incorporar una nueva tecnología, rediseñar un proceso o abrir una sede en un distrito con alta demanda son decisiones que pueden ejecutarse en plazos relativamente cortos. Esa flexibilidad permite probar, medir y corregir, y lo que funciona puede compartirse con el resto del sistema para que las buenas prácticas no queden encerradas en una sola institución.

Articular para ganar velocidad:

Si el primer nivel privado ya existe, ya está distribuido en el territorio y ya atiende a millones de personas, la pregunta es por qué no articularlo mejor con el sistema en su conjunto. El financiamiento de la salud es y seguirá siendo una responsabilidad principal del Estado, pero eso no significa que este no pueda apoyarse en operadores privados para cerrar brechas con mayor rapidez y usar de manera más eficiente esos recursos.

Hoy el sistema sigue fragmentado, con redes públicas y privadas que funcionan de espaldas unas de otras, y eso se paga en duplicidad, demoras y pacientes que dan vueltas buscando dónde atenderse. Para avanzar proponemos algunas ideas concretas. Primero, integrar la oferta del primer nivel, pública y privada, en redes organizadas por territorio y por población, con claros mecanismos de referencia y contrarreferencia, de modo que el paciente sea atendido en el lugar más cercano y adecuado a su necesidad.

Segundo, vincular el financiamiento a resultados medibles, como el control de enfermedades crónicas, la reducción de hospitalizaciones evitables o la satisfacción del usuario, pasando de pagar por actividades a financiar objetivos sanitarios. Tercero, establecer una regulación inteligente y mecanismos efectivos de transparencia. Y cuarto, compartir información y estándares de calidad. Estamos convencidos de que un esquema así permitiría conseguir más salud con el mismo dinero. Se trata de poner las fortalezas de cada actor al servicio de un mismo objetivo: que las personas accedan realmente a una atención de calidad cuando la necesitan, sin importar dónde vivan ni cuánto ganen.

A modo de conclusión:

En este nuevo período de gobierno se abre una oportunidad para repensar cómo organizamos la atención primaria en el país. Esperamos que ese debate mire al sistema como un todo y reconozca lo que cada sub sector puede aportar. Desde Clínica La Luz seguiremos trabajando para acercar nuestros servicios a más personas, con calidad, con tarifas accesibles y con un enfoque humano, y ponemos esta experiencia a consideración con mucho respeto y humildad, en la convicción de que, si fortalecemos la atención primaria sumando a todos, avanzaremos hacia un mejor estado de salud para todos los peruanos.

Finalmente, queremos expresar un sincero saludo y reconocimiento por su gran labor en pro de la salud, a todo el cuerpo medico en nuestro país por conmemorarse este 5 de octubre el Día de la Medicina Peruana.

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