La ética y la empatía como esencia del acto médico

La responsabilidad de un médico en el sistema de salud no se limita a diagnosticar una enfermedad o indicar un tratamiento; también consiste en educar al paciente para ayudarlo a comprender su situación y acompañarlo durante el proceso de recuperación. Ello permite establecer un vínculo que construye buena parte de la confianza que sostiene la atención médica, de tal manera que el médico cumple un papel fundamental en el proceso de gestión de la salud. En el marco de ello, la ética y la empatía deben seguir siendo principios centrales del ejercicio profesional y la relación médico -paciente, donde la ética orienta las decisiones y exige actuar con responsabilidad, honestidad y respeto por el paciente. Y la empatía permite comprender que detrás de cada diagnóstico hay una persona con preocupaciones, expectativas y circunstancias particulares. Hoy, la práctica médica es cada vez más compleja debido a las exigencias administrativas por parte del Estado y otros actores, y por la incorporación creciente de tecnología. Si bien estos cambios pueden contribuir a mejorar la eficiencia y controles respectivos, debemos cuidar que las exigencias de gestión no desplacen el criterio clínico ni reduzcan el tiempo que el médico necesita para atender con calidad a sus pacientes. Las decisiones administrativas deben permitir que el profesional médico ejerza su labor con responsabilidad y autonomía teniendo siempre como prioridad el bienestar de su paciente. Por lo tanto, la eficiencia debe estar al servicio de la salud y no en viceversa.

Una atención de calidad empieza por escuchar

La relación médico-paciente es uno de los componentes más importantes de la atención médica de calidad y se fundamenta en la confianza, la cual facilita que las personas expresen sus síntomas, comprendan las indicaciones y participen positivamente en las decisiones sobre su salud. Cuando un paciente que se siente escuchado está más predispuesto a seguir las recomendaciones brindadas por el médico y para comprender su tratamiento. Sin embargo, ofrecer una atención cercana requiere algo más que la voluntad individual del médico. También depende de cómo se organizan los servicios, de los tiempos disponibles para cada consulta y de los procesos administrativos que acompañan la atención. En esa tarea, tanto las entidades prestadoras de servicios de salud y los financiadores tenemos la responsabilidad de hacer que los procesos sean más eficientes; pero a la vez, permitan al médico dedicar el tiempo necesario a escuchar, explicar y resolver las dudas de sus pacientes. Para lograrlo es importante que los actores del sistema se coordinen para reducir las barreras administrativas y no trasladarlas a la relación asistencial. Si todos organizamos mejor los recursos para que la atención médica se convierta en una experiencia más clara, cercana y oportuna, estaremos trabajando en favor de humanizar la atención sin renunciar a la eficiencia. Debemos tener en cuenta que la calidad de la atención médica también depende de procesos administrativos bien organizados, y debe medirse, además de los resultados clínicos, por la capacidad de responder a las necesidades de las personas.

Incentivos que reconozcan los resultados en salud

Durante mucho tiempo, el volumen de atenciones ha sido una referencia relevante para medir el rendimiento o el trabajo de un médico. Sin embargo, la cantidad de consultas, por sí sola, no permite comprender plenamente el valor de una atención ni sus resultados. Por ello, otro desafío importante es la forma en que reconocemos el trabajo médico. En ese sentido, necesitamos adoptar modelos que otorguen mayor importancia a la calidad de la atención médica, aquella que permite la resolución oportuna de las enfermedades y la continuidad del cuidado. No podemos seguir midiendo el trabajo médico únicamente en el número de prestaciones realizadas. El objetivo es tener incentivos que contribuyan a mejorar los resultados de salud y en mejorar los ingresos de los médicos. Para lograr este cambio se requiere diálogo y coordinación entre prestadores, y financiadores. Solo así se podrán construir acuerdos enfocados en reconocer el valor de una atención de calidad y promover una relación más equilibrada entre quienes financian y quienes prestan los servicios. En esta ecuación debemos tener también presente la sostenibilidad de las instituciones prestadoras de servicios de salud, necesaria para preservar la calidad de atención en salud. Sin un buen manejo de la sostenibilidad, organizaciones no pueden ser capaces de mantener sus servicios, invertir en mejoras y ofrecer condiciones adecuadas para sus equipos. Por eso, calidad, eficiencia y sostenibilidad deben entenderse como objetivos complementarios.

La tecnología puede complementar el criterio médico

Las aplicaciones de nuevas tecnologías, así como de la inteligencia artificial en la práctica médica pueden apoyar el análisis de información, contribuir a los procesos de diagnóstico y reducir determinadas tareas administrativas. Además, bien utilizadas, pueden optimizar el trabajo profesional y liberar tiempo para atender a las personas. Pero su incorporación debe realizarse con responsabilidad y ética. No podemos olvidar que la decisión médica requiere de criterio profesional basado no solo en las evidencias clínicas sino también en la evaluación del contexto del paciente. La tecnología nos puede aportar información y apoyo al análisis; pero es el criterio del médico lo que prima en la decisión. Ninguna herramienta tecnológica debe desplazar la relación humana que caracteriza al acto médico, el cual se basa, además de la evidencia clínica, en la confianza, la empatía y la capacidad de comprender las circunstancias particulares de cada persona. La inteligencia artificial puede complementar el trabajo del profesional de la salud, pero no sustituirlo. Ahora bien, en el uso de la inteligencia artificial y nuevas tecnologías, el médico siempre debe tener presente criterios éticos que guíen sus acciones y decisiones, siendo consciente de los alcances y limitaciones de las nuevas tecnologías. La innovación tiene sentido cuando contribuye a mejorar la calidad de la atención y se incorpora responsablemente a los procesos asistenciales.

Una comunidad médica que aprende y se acompaña

Es responsabilidad tanto de los propios médicos, como comunidad profesional; y de las instituciones y autoridades médicas el elevar los estándares de la medicina. En el caso de los profesionales médicos es importante que realicen una actualización permanente de sus conocimientos, además de mantener el intercambio de experiencias con otros colegas y la evaluación transparente de los procesos clínicos como prácticas continuas. Todo ello les permitirá fortalecer la calidad y la seguridad del paciente. En esa tarea, las sociedades científicas, los colegios profesionales y las instituciones prestadoras de servicios de salud pueden generar espacios de aprendizaje, compartir buenas prácticas y promover una cultura de responsabilidad. Otra variable importante en la tarea de elevar los estándares es atender y resolver las condiciones en las que trabajan los profesionales médicos. La exigencia propia de la actividad médica demanda entornos que favorezcan el aprendizaje, el soporte entre colegas y el cuidado del bienestar de los equipos. Brindar un entorno laboral de bienestar, participativo y colaborativo forma parte de las condiciones necesarias para que pueda desempeñar adecuadamente su labor.

Información confiable para fortalecer la confianza

El fácil acceso a información médica que permiten las redes sociales y plataformas digitales puede contribuir, por un lado, a que los pacientes mejoren sus conocimientos sobre enfermedades y acciones de prevención; sin embargo, la abundancia de información de fuentes no acreditadas nos plantea el gran desafío de enseñar a los pacientes a distinguir entre la información basada en evidencia de los contenidos inexactos o engañosos. Frente a esta realidad, los médicos y las instituciones de salud debemos asumir un papel más activo. Por ejemplo, podemos recomendar donde encontrar información comprensible, útil y responsable; o compartir información que se tenga a mano. Debemos orientarles sobre cómo reconocer fuentes confiables que les permitan tomar decisiones informadas. Uno de los principales objetivos de la comunicación médica hacia sus pacientes es traducir conceptos científicos complejos en un lenguaje accesible que les permita entender la importancia de la prevención y el seguimiento de las indicaciones médicas, sin perder rigor ni generar falsas expectativas. Si trabajamos de esa manera podremos fortalecer la confianza con nuestros pacientes. Tengamos en cuenta que cuando los pacientes reciben información clara, encuentran respuestas a sus preguntas y comprenden las decisiones que se toman sobre su salud, se fortalece la relación con los profesionales y las instituciones.

Revalorar la medicina exige trabajar juntos

Después de más de cuatro décadas en la medicina, considero que el progreso del sector depende de muchos factores que he ido mencionando durante este artículo. Para alcanzar ese objetivo, debemos trabajar de la mano de las instituciones, pues con un esfuerzo aislado no lo lograremos. El cambio que queremos se construye mediante decisiones responsables, diálogo y compromiso compartido. En ese sentido, revalorar la medicina requiere cambios en la forma en que organizamos y gobernamos el sector. Por ello, es importante tener espacios permanentes de diálogo entre el estado, las instituciones públicas y privadas, los gremios de salud, los prestadores y los financiadores. Las decisiones que afectan la atención de los pacientes deben considerar la experiencia y las responsabilidades de quienes participan en ella. Desde la ACP, creemos que la colaboración es indispensable para avanzar hacia un sistema más moderno, sostenible y centrado en las personas. Esto implica reconocer el valor del trabajo médico, promover mejores condiciones para ejercer la profesión, fortalecer la transparencia y alinear los esfuerzos de todos los actores hacia un objetivo común. A partir de mi experiencia en el ejercicio profesional, tengo la convicción de que la medicina conserva una esencia que ninguna transformación tecnológica, administrativa o económica puede reemplazar: el compromiso con la vida y el bienestar de las personas. Desde mi responsabilidad como Presidente de la Asociación de Clínicas Particulares del Perú, considero que contribuir al desarrollo del sector exige buscar un equilibrio entre la calidad de la atención, la sostenibilidad de las instituciones y el trabajo conjunto de todos los actores del sistema: pacientes, médicos, trabajadores de la salud, prestadores, financiadores y autoridades. La medicina seguirá evolucionando, incorporará nuevas herramientas y enfrentará desafíos distintos, una gran prueba de ello fue la pandemia por la COVID-19. Pero su propósito esencial de cuidar la salud de las personas permanecerá. Nuestra tarea es asegurar que la aplicación de cualquier nueva tecnología contribuya a ese propósito sin perder de vista la dimensión humana de nuestra profesión. En el marco del Día de la Medicina Peruana, expreso mi reconocimiento a todos los colegas que ejercen esta profesión con compromiso y vocación de servicio. Su labor es fundamental para el bienestar de la población y para el funcionamiento de nuestro sistema de salud.

BACK