Un modelo más enfocado en prevención
Si bien el trabajo conjunto es uno de los principales desafíos que aún existen en el sector salud, no podemos dejar de mirar otros retos. Entre estos, encontramos particularmente importantes el fortalecimiento de la prevención, la incorporación de tecnología con un propósito real y el aseguramiento de los mejores estándares de calidad. Tradicionalmente, la atención en salud se ha enfocado en curar la enfermedad. Pero, hoy, tenemos la oportunidad de ampliar esa mirada y evolucionar hacia un modelo que cuide a la persona de un modo integral; es decir, que prevenga la enfermedad antes de que esta aparezca. La evidencia epidemiológica es clara: cerca del 50% de las muertes globales se asocian a factores de riesgo modificables. Hasta el 80% de las enfermedades cardiovasculares, los accidentes cerebrovasculares y la diabetes tipo 2 pueden prevenirse, y aproximadamente el 40% de los cánceres están asociados a factores de riesgo modificables. Además, fortalecer la prevención no solo mejora la salud de la población, también permite un uso más eficiente de los recursos del sistema y del individuo, asegurando la sostenibilidad del mismo. Esto se debe a que prevenir enfermedades permite reducir la demanda sobre el sistema de salud y, al mismo tiempo, evitar gastos que pueden afectar significativamente la economía de las familias. La prevención, en ese sentido, debe ocupar un lugar cada vez más importante en la agenda sanitaria. Además, es esencial que se fomente la detección temprana en todos los establecimientos de salud, garantizando que las personas accedan a los exámenes necesarios para contar con un diagnóstico oportuno; y, por ende, un tratamiento a tiempo.
Innovación con propósito
Prevenir y detectar oportunamente también requiere contar con nuevas capacidades para atender las necesidades de las personas. Frente a ello, la innovación y la tecnología cumplen un papel fundamental: nos permiten mejorar procesos, facilitar el acceso, integrar información y tomar decisiones más ágiles. Recordemos que innovar no solo implica incorporar nuevas tecnologías. El verdadero desafío está en identificar qué problemas necesitamos resolver y cómo podemos utilizar las herramientas que tenemos para generar un impacto concreto en la vida de las personas. Por ejemplo, la historia clínica electrónica, la analítica de datos y las nuevas herramientas de inteligencia artificial están ampliando nuestra capacidad para integrar información, hacer seguimiento e identificar oportunidades de intervención. Hay que considerar también que, en este proceso de integración de nuevas herramientas, el mayor reto no necesariamente es tecnológico, sino cultural. En la prestación de salud, el reto es mayor, porque cualquier cambio en la forma de trabajar debe generar confianza y demostrar valor real para los equipos asistenciales. Por eso, en Auna, hemos aprendido que la transformación digital no se impulsa solo implementando nuevas plataformas, sino haciendo que esas herramientas realmente simplifiquen el trabajo, reduzcan la carga operativa y permitan que los profesionales dediquen más tiempo a lo que más importa: la atención al paciente. Incorporar innovación con propósito también significa buscar nuevas formas de responder a las necesidades de las personas a lo largo de su experiencia de atención. Desde Auna, con nuestra plataforma robótica, estamos atendiendo cirugías de alta complejidad y ampliando las posibilidades de tratamiento en procedimientos oncológicos que antes exigían abordajes más invasivos. Así, nuestros pacientes tienen incisiones más pequeñas, menor trauma quirúrgico, menos sangrado durante la operación, menos noches en una cama hospitalaria y menor dolor postoperatorio. La tecnología alcanza su verdadero potencial cuando es utilizada por médicos altamente capacitados, con el fin de lograr los mejores resultados para nuestros pacientes. Por otro lado, la innovación también puede responder a necesidades que van más allá del tratamiento clínico. Auni, por ejemplo, es nuestro robot interactivo que acompaña emocionalmente a niños durante sus periodos de hospitalización, principalmente a pacientes oncológicos pediátricos. Habla, canta, baila, cuenta cuentos e, incluso, traduce tecnicismos médicos en un lenguaje lúdico para ayudar a gestionar las emociones de los pequeños y reducir sus niveles de ansiedad. Si bien son iniciativas de diversa índole, comparten una misma convicción: la innovación adquiere verdadero sentido cuando genera un impacto en la experiencia de las personas.
Una atención de calidad que mejora continuamente
Transformar la salud también implica asegurarnos de que cada proceso se realice bajo estándares que garanticen la seguridad y calidad de la atención. Para ello, necesitamos medir, evaluar nuestros resultados e identificar de manera permanente qué podemos hacer para brindar una mejor experiencia a los pacientes, con una atención centrada en las personas. En este sentido, contar con estándares internacionales nos permite evaluar nuestros procesos con una mirada objetiva y establecer oportunidades concretas de mejora. Por ejemplo, recientemente, a través de Clínica Oncosalud y Clínica Delgado Auna, obtuvimos la certificación ASCO QOPI, que reconoce el cumplimiento de estándares internacionales de calidad LC en la atención oncológica, asegurando la destacada experiencia de nuestro equipo asistencial, seguridad en la administración de tratamientos oncológicos, uso de guías clínicas basadas en evidencia científica, educación constante al paciente y su familia, y una cultura de mejora continua. Por otro lado, acreditaciones como el Modelo EFQM (European Foundation for Quality Management) han permitido que nuestra Unidad Clínica de Alto Desempeño (UCAD) de Arritmias impulse una atención enfocada en la seguridad y experiencia del paciente, así como en la innovación de nuestro servicio. De este modo, podemos ver cómo es posible articular la evaluación especializada, el diagnóstico oportuno, el tratamiento de alta complejidad, el seguimiento estructurado y la telemonitorización de pacientes, garantizando la continuidad del cuidado incluso después del alta médica. Ambas experiencias responden a necesidades diferentes, pero comparten una misma lógica: establecer estándares, medir, evaluar y mejorar. Una atención de calidad se fortalece cada día, a partir de la capacidad de las organizaciones para aprender de sus resultados y convertir ese aprendizaje en mejores formas de cuidar a las personas. La transformación en salud requiere que esta capacidad de mejorar se extienda a todo el sistema. Esto implica articular a los distintos actores, prepararnos para asegurar la continuidad de la atención ante situaciones adversas, fortalecer la prevención, incorporar tecnología con propósito y establecer estándares que nos permitan evaluar y mejorar de modo permanente. Así, seguiremos construyendo una atención en donde cada decisión ponga al centro las necesidades de las personas.

