La ceguera es la pérdida total o parcial de la capacidad visual. Las principales causas de ceguera en el Perú son las cataratas (60%), errores refractivos (12,7%), glaucoma (11,5%), problemas de retina (11%) y opacidades corneales (9%). En el Perú hay aproximadamente 200,000 ciegos o personas con compromiso severo de la visión, entre los cuales 120,000 son por catarata, y cada año aparecen 24,000 nuevos casos que no están siendo atendidos. Una persona ciega impacta directamente en la canasta familiar porque no trabaja y requiere el apoyo permanente de otra persona, quien tampoco trabaja.

El otro problema es a nivel de la educación básica regular (inicial, primaria y secundaria). En el Perú tenemos 8’666,000 escolares, de los cuales 1 millón 800 mil tienen defectos refractivos (miopía, hipermetropía y astigmatismo) que no les permiten estudiar bien, y esto no lo saben los escolares, profesores ni padres de familia. Además, el 40% de los escolares que tienen bajo rendimiento académico lo presentan por culpa de la mala visión, y tampoco lo saben.

Las barreras para que los peruanos tengamos estos problemas visuales son el centralismo de los centros especializados, que solo están en Lima y en capitales de departamento; la falta de oftalmólogos en el Perú; la falta de dinero para pagar la cirugía; y el desconocimiento de que la pérdida de visión por catarata se recupera con una operación, además del miedo de las personas a operarse.

Es indispensable que los gobiernos regionales cuenten con el equipamiento adecuado en uno o dos hospitales de su jurisdicción, según el número de habitantes que tengan, con servicios de oftalmología de alta tecnología, junto con una correcta distribución de médicos especialistas. Con estos servicios se erradicará la ceguera y se crearán campos clínicos para formar más oftalmólogos en cada región. Los gobiernos regionales deben implementar sus principales hospitales con un servicio de oftalmología integral de alta tecnología. Esto ayudará a formar más oftalmólogos y crear puestos de trabajo especializados en todas las regiones del Perú.

Asimismo, las autoridades deben coordinar con todas las universidades públicas y privadas que tengan facultades de Medicina del Perú para crear más plazas para el Residentado Médico en Oftalmología y gestionar el presupuesto correspondiente. Además, es indispensable que se ofrezcan dos exámenes para el Residentado Médico de Oftalmología cada año: uno regular y otro para médicos jóvenes que quieran ser especialistas sin percibir sueldo o recibiendo una remuneración simbólica de manera voluntaria.

Respecto al residentado médico, se debe ofrecer un examen para aquellos médicos jóvenes que voluntariamente renuncien a ganar sueldo o acepten una remuneración simbólica mientras realizan la residencia. Todos los residentes, en los últimos meses de formación, deben rotar al interior del país para trabajar en el Programa de Prevención de la Ceguera. Asimismo, los exresidentes deberán trabajar, con una remuneración adecuada, de manera obligatoria durante un año en el mismo programa.

Se debe capacitar a todos los profesores de educación básica regular como promotores de salud visual para que evalúen la agudeza visual de sus respectivos alumnos y, a quienes presenten problemas visuales, los deriven a los servicios de oftalmología de alta tecnología correspondientes.

A través del Ministerio de Educación se debe disponer que todos los escolares, al momento de su matrícula, presenten de manera obligatoria su carnet de evaluación visual. El Gobierno debe lanzar el Programa Nacional de Prevención de la Ceguera en coordinación con los gobiernos regionales y garantizar el presupuesto para financiar el 100% de las cirugías necesarias para erradicar la ceguera mediante el SIS.

EsSalud debe equipar sus servicios de oftalmología para contribuir a erradicar la ceguera en el Perú. Lamentablemente, el sistema nacional de salud está fragmentado, desarticulado, es insuficiente, lento y presenta problemas de corrupción. Entre 2012 y 2020, el presupuesto pasó de 10,800 millones a 26,500 millones de soles; el gasto per cápita es de 332 dólares y el presupuesto actual representa el 5,1% del PBI, aunque se encuentra mal distribuido.

En cuanto al aseguramiento de los peruanos, este se distribuye de la siguiente manera: en EsSalud hay 10 millones de asegurados; en el MINSA, entre 18 y 20 millones de ciudadanos están afiliados al SIS; en las Fuerzas Armadas y la Policía existen cerca de 1,5 millones de asegurados; y otros 1,5 millones están afiliados a EPS. Para que el SIS tenga los recursos suficientes y pueda atender al 100% de sus afiliados se requiere una gestión eficiente, libre de corrupción, y una decisión política que considere a la salud como una prioridad nacional.

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