Ponentes:

1. Gerardo Perazzo: Médico. Magíster en Ética Biomédica. Coordinador del Instituto de Bioética de la Universidad Católica de Argentina (UCA). Vicepresidente de la Sociedad de Ética en Medicina. Past President de la Federación Latinoamericana y del Caribe de Instituciones de Bioética (FELAIBE).

2. Vicente Bellver: Filósofo. Director del Departamento de Filosofía del Derecho y Política de la Universidad de València. Director General de Política Científica de la Generalidad Valenciana. Miembro del Comité de Bioética del Consejo de Europa y del Comité de Bioética de España. Forma parte del Comité de Bioética de la Comunidad Valenciana, el Consejo Asesor del Centro Internacional de Neurociencias y Ética, el Comité de Bioética Asistencial del Departamento de Salud Valencia-La Fe y el Comité de Ética de la Investigación de la Universidad de València. Miembro de la Pontificia Academia per la Vita.

Moderador:

Alejandro Langberg LR
Presidente de la RPBP.

El jueves 15 de enero de 2026, a las 12:00 p. m. (hora de Lima), se inscribieron y participaron en forma virtual 64 personas de diferentes países (Perú, España, Argentina, Ecuador, Colombia, Chile y Cuba) y diferentes profesiones (Medicina, Derecho, Filosofía, Biomedicina, Biotecnología, Bioquímica, Psicología, Teología, Farmacia, Economía, Administración y otras), interesadas en el tema; gran parte de los participantes eran bioéticos o bioeticistas.

Además de los ponentes y el moderador, tomaron la palabra Julio Tudela, licenciado en Farmacia, máster y doctor en Bioética, director del Observatorio de Bioética y del Máster de Bioética de la Universidad Católica de Valencia (UCV), España; Manuel Quimper, médico, máster en Medicina y Bioética, doctor en Filosofía, profesor de Bioética en la Universidad de Piura (UDEP) y la Universidad San Martín de Porres, docente de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas y presidente del Tribunal de la Superintendencia de Salud del Perú; Pascual Juan Calatayud, biotecnólogo y estudiante del Máster en Bioética de la UCV; Juan Antonio Valdez, médico, magíster en Bioética y profesor de la UDEP; Carlos Fernández, bioquímico y estudiante del Máster de Bioética de la UCV; y José Vicente Enrique, licenciado en Administración y Dirección de Empresas y estudiante del Máster en Bioética de la UCV.

Las ponencias y las intervenciones han sido resumidas, colocando únicamente los conceptos más significativos en relación con el tema del simposio, a continuación de la mención de los nombres de cada uno de los que han tomado la palabra. En el caso de los ponentes y de quienes han intervenido más de una vez, se escriben debajo de sus nombres los conceptos vertidos en la ponencia o en la primera intervención y lo dicho después de escuchar las opiniones e inquietudes de los participantes.

Lo escrito sobre las ponencias y las intervenciones ha sido previamente enviado a las personas que las han realizado para su revisión y corrección. Las conclusiones son las recomendaciones que brinda al lector el moderador y autor del artículo, después de haber analizado concienzudamente todos los aportes de los participantes del simposio.

Recomendamos a todos los que lean el presente artículo ver de forma completa el video del simposio, que está disponible en YouTube. Lo pueden encontrar buscándolo como «Simposios de la Red Peruana de Bioética Personalista».

Gerardo Perazzo.– Un Comité de Bioética, como nos lo enseñó Monseñor Elio Sgreccia, que no proteja la vida desde la concepción hasta la muerte natural falla en su misión principal.

En Argentina se creó por decreto la Comisión Nacional de Ética Biomédica en 1996, pero no funcionó. En el 2020, a propósito de la pandemia, se formó un Comité o Comisión Nacional de Bioética (CNB) para que dictara normas con un enfoque de derechos humanos sobre la problemática que estaba sucediendo; este CNB fue, debido a los especialistas convocados, básicamente principialista.

En diciembre de 2025, en el gobierno actual, donde se está rotando del utilitarismo imperante en los gobiernos anteriores a un probable personalismo con defensa de la vida en general, el Ministerio de Salud ha decretado la disolución de todo lo anterior y se está convocando a profesionales —conocemos a algunos personalistas muy importantes entre ellos— para conformar un CNB multidisciplinario compuesto por seis miembros titulares y tres suplentes, presididos por el ministro, lo que supone un riesgo de interferencia política y cuyo trabajo sería ad honorem, lo que no deja de ser una dificultad para el desempeño de sus miembros.

Los CNB, en general, deben ser plurales, con un enfoque de derechos humanos, con marcos normativos claros, independientes del poder político e intereses sociales, integrando necesariamente a los bioeticistas personalistas y salvaguardando los valores de la persona humana.

Es conveniente, en estos CNB plurales, el uso de la Ética de Mínimos de Adela Cortina, donde la autonomía —en estos momentos totalmente hipertrofiada— queda en segundo plano. Esto contribuiría al entendimiento de los personalistas con los principialistas.

Para propiciar la actividad requerida por buenos CNB es importante que desde los comités de bioética hospitalarios, que existen en Argentina desde 1984, se eduque al ambiente hospitalario en la problemática bioética, lo que redundará en el entendimiento de la importancia de tener un buen y funcional CNB.

Vicente Bellver.- Recordaba Gerardo Perazzo en su intervención que Mons. Sgreccia consideraba que los Comités Nacionales de Bioética (CNB) debían contribuir, con su trabajo, a la defensa de la vida humana desde el momento de la concepción.

En un cierto sentido, debería parecernos algo obvio: si el derecho a la vida es el presupuesto de todos los derechos humanos, y los Comités de Bioética tienen, como una de sus funciones prioritarias, la protección de los derechos humanos, parece evidente que la defensa de la vida humana en todas las etapas de su desarrollo debe ser una prioridad en su trabajo.

Pero, por otro lado, somos plenamente conscientes de que muchas personas en el mundo no comparten la idea de que la vida del ser humano deba ser protegida desde la concepción. Primero, porque al estar gestándose en el cuerpo de una mujer, y entender que ella es soberana sobre su cuerpo, solo debe ser ella quien decida acerca de la continuación o no de la gestación. Y segundo, porque la vida del embrión o del feto no tiene un valor comparable con la del ser humano una vez que ha nacido.

Muchos entendemos que esta argumentación es falaz porque no existen razones consistentes para establecer, en el desarrollo del ser humano, un salto cualitativo que nos permita distinguir entre una etapa en la que el valor de ese ser venga determinado por la voluntad de la mujer y otra en la que ya sea percibido como valioso por sí mismo y, por tanto, merezca la protección de su vida por parte del derecho.

Ante esta situación, en la que una mayoría de la opinión pública en muchos lugares del mundo no está dispuesta a proteger al ser humano desde su concepción, me parece que el papel que cabe exigir a los Comités Nacionales de Bioética en este punto es mucho más modesto: garantizar el pluralismo de perspectivas sobre esta cuestión tan crucial que están presentes en la sociedad, de modo que, con independencia de lo que dispongan las leyes aprobadas en un momento determinado, puedan mantenerse foros en los que se puedan confrontar con libertad argumentos éticos para defender unas u otras posiciones.

He dicho que una labor esencial de los Comités Nacionales de Bioética debería ser la de contribuir a la defensa de la dignidad y los derechos de los seres humanos en el ámbito sanitario y de la investigación biomédica. Aquí también tenemos un problema porque nos encontramos con que las interpretaciones que se hacen de los derechos humanos son tan variadas que, invocando los mismos derechos, se pueden defender posiciones totalmente enfrentadas: el derecho a la vida del nasciturus y el aborto de la mujer; el derecho a cuidar a las personas hasta su muerte natural y a que se les dé muerte cuando lo soliciten bajo ciertas circunstancias; la prohibición de la gestación por sustitución y el derecho a que las mujeres la puedan ejercer con libertad, etc.

Ante esta diversidad de interpretaciones sobre los derechos humanos, sería deseable alcanzar un acuerdo mínimo sobre su interpretación. Como a la fecha este objetivo es inalcanzable, por lo menos se debería exigir que los Comités Nacionales de Bioética fueran lo suficientemente plurales como para que la diversidad de posiciones pudiera escucharse y confrontarse en esos foros.

Los Comités de Bioética nacen en los años setenta del pasado siglo y, a principios de los ochenta, los Comités Nacionales de Bioética. Después de un par de décadas en las que aparecieron en muchos países del mundo y adquirieron cierta notoriedad por los temas que trataban, que eran de gran controversia y actualidad (como, por ejemplo, la investigación con células madre embrionarias humanas, la clonación o la ingeniería genética), en la primera década de este siglo el interés por ellos empezó a decaer.

Basta con ver la actividad y el notable interés del público por el Comité Presidencial de Bioética durante la presidencia de George Bush Jr. y el escaso interés que suscitó el Comité de Bioética estadounidense durante la etapa del presidente Obama.

Se puede decir que, con la pandemia del COVID, el interés por estos comités repuntó porque se constituyeron nuevamente como órganos consultivos fundamentales para las instituciones del Estado. En esos años yo formaba parte del Comité de Bioética de España (CBE) y lo pude comprobar en primera persona: no fueron pocos los que aseguraban que, como consecuencia del COVID, el CBE había salido de las catacumbas y había pasado a ser conocido y escuchado por los ciudadanos.

En estos momentos, creo que los Comités Nacionales de Bioética vuelven a ser objeto de un menor interés. Siempre se dice que, para que un Comité de estas características funcione correctamente, debe cumplir tres condiciones: pluralismo, pluridisciplinariedad e independencia. Sin independencia, de nada sirven las otras dos. Por eso, es esencial que los Comités Nacionales de Bioética no estén presididos por el Ministro de Salud, ni que sean elegidos por el gobierno. Es necesario buscar fórmulas de elección que garanticen el pluralismo y regular su funcionamiento de manera que no dependa del poder político, que pueda condicionar su trabajo.

La adscripción de los Comités Nacionales de Bioética es muy variada dependiendo de los países. Vemos que algunos dependen directamente de la Presidencia de la República (Francia), de la Presidencia del Consejo de Ministros (Italia) o del Ministerio de Sanidad (España). Cuanta más alta sea la magistratura de la que dependa el Comité, se transmitirá con mayor claridad el mensaje de que ese Comité es importante para el país. Y, por ello, será más probable que cuente con mayor reconocimiento público, y también con recursos humanos y económicos suficientes para desarrollar su trabajo.

A la hora de la elección debe cuidarse que sus miembros sean profesionales de prestigio, reconocidos por su integridad y liderazgo, y que estén dispuestos a trabajar ad honorem. En otro orden de cosas, es muy importante también que cuenten con un buen presupuesto para los gastos administrativos y de staff para llevar a cabo una agenda de trabajo relevante.

A la hora de regular sus funciones, me parece importante que se establezca que los Comités Nacionales de Bioética deben ser objeto de consulta preceptiva para todas las políticas públicas que tengan implicaciones bioéticas. Es fundamental que sean órganos colegiados de deliberación, en el curso de las cuales traten de llegar a acuerdos mínimos. Esos acuerdos serán completados, en su caso, con las opiniones discrepantes de la posición mayoritaria.

Como digo, para garantizar la independencia es importante que los miembros no sean elegidos por el gobierno, sino por mayorías cualificadas del parlamento o por criterios objetivos de competencia, integridad e independencia. Es importante que estos puestos sean inamovibles y que tengan una duración suficiente para que las personas que los ocupan puedan llegar a desarrollar su trabajo con cierta continuidad. Insisto en la importancia de que esta elección garantice el pluralismo en los futuros trabajos del Comité.

Es importante saber que, salvo excepciones, los trabajos de los CNB no son tan importantes como sería deseable. Por lo general, sus informes y opiniones no tienen mucha repercusión. Hasta el momento, en la mayoría de los países esta institución no tiene un peso decisivo en las políticas sanitarias ni en la legislación con implicaciones bioéticas.

Curiosamente, esa capacidad de influencia que no tienen los Comités Nacionales de Bioética sí la encontramos, en cambio, y en mucha mayor medida, en el activismo judicial de las Cortes Supremas y Constitucionales de algunos países. Personas que no han sido elegidas por los ciudadanos, al amparo de una interpretación más que dudosa que proponen de la Constitución y de los derechos fundamentales contenidos en ella, despliegan una acción legislativa paralela a la de los parlamentos que constituye todo un abuso de poder.

Así nos encontramos con la paradójica situación de tener Comités Nacionales de Bioética que apenas tienen relevancia (bien porque dependen por completo del poder político de turno, porque carecen de medios para elaborar informes, porque no son consultados para nada, etc.) y, por el contrario, con tribunales que, excediéndose completamente en su función de juzgar o de garantizar la constitucionalidad de las leyes, se convierten en legisladores al margen de las asambleas legislativas. Esta situación debería ser objeto de reflexión y modificación.

Por último, y por volver con el asunto con el que empezaba, creo que la defensa de la vida de todo ser humano ha de hacerse principalmente desde la sociedad civil y desde los órganos de representación política, dando razones consistentes que inviten a un cambio de cultura (y, en su caso, de las leyes), haciendo ver que la defensa del ser humano desde su concepción no solo es una opción razonable, sino que es la única opción que vale la pena, porque es la que garantiza la dignidad universal de todo ser humano. Simultáneamente, se debe exigir que, en los Comités Nacionales de Bioética, esté presente, entre otras, la visión de la Bioética Personalista, y que nunca sea objeto de exclusión con propósitos ideológicos.

Julio Tudela.– En esta sociedad postmoderna que se desentiende de la verdad, se desinflan los grandes principios, donde cada vez se hacen menos preguntas, caracterizada por una hipertrofia ilimitada y desconcertada de la autonomía que viene del utilitarismo anglosajón, es un reto que en los CNB las ideas personalistas estén presentes en los informes; es absolutamente necesario que las deliberaciones bioéticas aparezcan en el debate, estas ideas que al final no son otra cosa que la defensa de la naturaleza y dignidad humana.

Es imprescindible que los miembros de los CNB sepan de bioética.

A mí algo que siempre me ha preocupado es el recurso de los mínimos. Al final todos buscamos el bien de las personas, pero hay un problema en el discernimiento, en las bases que sustentan nuestros argumentos, es decir, en la antropología filosófica que hay detrás de nuestros posicionamientos. No basta con ponernos de acuerdo; hay que reivindicar la verdad. La verdad es el bien, pero el bien hay que saberlo identificar y no es fácil. No podemos remitirnos a las opiniones personales; hay que formarse, y hacerlo bien, con una formación bien construida, bien cimentada, para saber diferenciar qué es el bien y qué es lo que se dice que es el bien, pero no lo es.

Manuel Quimper.– En el Perú mucho se parece a lo ocurrido en Argentina y en toda Latinoamérica, porque toda esta corriente principialista, respaldada y promovida por la gran industria farmacéutica americana, utilitarista fundamentalmente, ha querido imponer sus criterios para continuar haciendo investigaciones en nuestros países después de los escándalos que se produjeron en Norteamérica cuando se descubrió el estudio de Tuskegee y otros similares.

Aquí el Instituto Nacional de Salud trató de asumir la conducción de los comités institucionales de bioética, pero no funcionó, pues los comités existentes no participaron debido a que este comité no contaba con un staff suficientemente calificado. Luego ha venido la difusión de la bioética principialista por la OPS, hasta que llegó el COVID con la conocida falta de evidencias científicas, la limitación del acceso a la salud por deficiencia estructural y la política de salvar a un individuo u otro según el beneficio que este pudiese prestar a la sociedad.

En la actualidad es muy difícil tener comités de bioética plurales. La Bioética Personalista, que afortunadamente cada vez está siendo más difundida, continúa estando desplazada y, en caso de dejarnos participar, nos obligan a acoger opiniones contrarias en favor de un consenso requerido.

Son importantes los comités de bioética, así como es importante nuestra participación haciendo que nuestra voz personalista se escuche cada vez más, pero es muy riesgosa la constitución de un CNB que, mediante normas consensuadas, podría imponer criterios en los temas bioéticos a nivel nacional.

Ronald Cárdenas.– Debemos continuar, contra viento y marea, defendiendo los valores personalistas. A propósito del activismo judicial, efectivamente, en el caso peruano el tema de la eutanasia, de la píldora del día siguiente y el de la reproducción asistida no han entrado por el Congreso, sino por el Poder Judicial, que es un medio mucho más práctico y efectivo para los que están detrás de estos temas. Se trata de otro frente de batalla.

Pascual Juan Calatayud.– Se le da mucha importancia a los CNB; sin embargo, al parecer estos son subyugados por el gobierno de turno o, al menos, hay una influencia política muy fuerte. Me llama la atención que, según la magnitud de sus responsabilidades, el trabajo de sus miembros sea ad honorem y también que en EE. UU. no haya un CNB desde el primer gobierno de Trump. Me pregunto quién está resolviendo las preguntas relacionadas con la bioética y cómo está funcionando el sistema de salud americano.

Juan Antonio Valdez.- ¿Cómo evitar que los CNB sean totalmente politizados? ¿Qué estrategias debemos tener para que estos órganos, que en países como el nuestro son cada vez más perentorios, no sean totalmente politizados; que sean independientes, autónomos, en los que se dé la libertad de pensamiento y la multilateralidad que represente a la sociedad?

Carlos Fernández.- Nosotros en Chile no tenemos CNB; tenemos una Oficina de Bioética adscrita al Ministerio de Salud que coordina con los Comités de Ética de Investigación, normados por ley, y los Comités de Ética Asistenciales.

Lo que yo quiero destacar es la necesidad de la pluralidad, para que en los proyectos de las políticas públicas que el Ministerio finalmente lleve al Congreso estén presentes las ideas de la Bioética Personalista, y no solamente las utilitaristas principialistas, que es un poco lo que ha pasado en mi país. Como ejemplo tenemos el último proyecto sobre la eutanasia que actualmente se está debatiendo en Chile.

José Vicente Enrique.– Llevo 15 años estudiando sobre el control de la población en diferentes países, lo que incluye las esterilizaciones forzadas. Pregunto si perciben que actualmente en el mundo hay un interés en promover en los Comités de Bioética un enfoque utilitarista frente al principialista.

CONCLUSIONES

El Comité Nacional de Bioética (CNB), aunque riesgoso por la marcada influencia utilitarista del principialismo en el mundo actual y con altas posibilidades de ser intrascendente, como ocurre en muchos países, se debe tratar de implementar en el país.

Es imprescindible que este, además de todos los elementos propios de un Comité de Bioética como la multidisciplinariedad, sea plural, independiente del poder político e integrado por profesionales bien formados en bioética.

Es importante para el buen desempeño del CNB que cuente con el presupuesto necesario para las labores administrativas y que el sistema sea de consulta preceptiva; es decir, que sea obligatorio para las instituciones que tienen que lidiar o resolver problemas bioéticos complejos consultar con el CNB.

Es indeseable, por decir lo menos, que los asuntos bioéticos sean resueltos e indirectamente legalizados por tribunales de justicia o cortes internacionales; en todo caso, debería hacerlo el Congreso, previa consulta a los entes especializados, entre los que el CNB sería crucial debido a su característica de alta calidad deliberativa.

Los informes con las conclusiones del CNB deben exponer los argumentos de sus integrantes, incluyendo los de quienes están en desacuerdo con la posición mayoritaria, que en este tiempo son, básicamente, los personalistas.

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