En el Perú, el 71,1% de niños y niñas menores de 6 meses han recibido Lactancia Materna Exclusiva (LME), según los datos revelados por la encuesta ENDES 2025, mejorando la cantidad de niños en relación con los años anteriores en 3 puntos porcentuales. Esto es un hito sumamente importante para el Perú, el cual tiene como meta fundamental mejorar el estado inmunológico de los lactantes, y esto se refleja de manera directa y tangible con una Lactancia Materna Exclusiva (LME) exitosa.
Este incremento porcentual no es solo un número estadístico; representa a miles de familias peruanas que han logrado superar barreras sociales, culturales y laborales para garantizar que sus hijos reciban el mejor alimento posible durante sus primeros seis meses de vida, sentando las bases para la reducción de problemas de salud pública crónicos en el país, como la anemia y la desnutrición crónica infantil, además de prevenir el sobrepeso y la obesidad en etapas posteriores de la vida.
A nivel mundial, en el año 1991 la Unicef, junto a la Organización Mundial de la Salud (OMS), creó una iniciativa global sobre Hospitales Amigos del Niño, la cual buscaba aplicar rigurosamente los 10 pasos de la lactancia materna exitosa. Esta estrategia global nació de la necesidad urgente de revertir las tasas de abandono de la lactancia que se habían agudizado en las décadas anteriores debido a la agresiva comercialización de sucedáneos de la leche materna. Los 10 pasos se convirtieron en el estándar de oro para la atención materno-infantil.
En el año 1993, el Perú adopta estos lineamientos internacionales y comienza la divulgación masiva por parte del Ministerio de Salud (MINSA) sobre los 10 pasos de la lactancia materna, adaptándolos a la realidad nacional y pluricultural del país. Luego, en el año 2014, buscando consolidar este esfuerzo de décadas, se aprueba la Directiva Administrativa N.° 201-MINSA/DGSP-V.01, que busca establecer los lineamientos oficiales, técnicos y administrativos para la certificación de los establecimientos de salud, creándose así la Certificación de Establecimientos de Salud Amigos de la Madre, la Niña y el Niño.
Esta certificación tiene como objetivo principal proteger, promover y apoyar la lactancia materna desde el primer minuto de vida con políticas públicas que garanticen este proceso, además de fortalecer el vínculo emocional y afectivo del binomio madre-niño. Para lograr esta certificación, los establecimientos deben demostrar, entre otras cosas, que no aceptan donaciones de fórmulas, que capacitan a todo su personal y que fomentan el alojamiento conjunto, permitiendo que la madre y el bebé permanezcan juntos las 24 horas del día.
Toda esta política pública busca establecer lineamientos claros y obligatorios para garantizar que el personal de salud se encuentre estandarizado, cuente con conocimientos científicos actualizados y pueda brindar a las familias una consejería de lactancia materna de alta calidad, empática y libre de prejuicios. Esto se debe a que el apoyo y acompañamiento profesional continuo es uno de los factores determinantes para que la Lactancia Materna Exclusiva (LME) no se abandone en los primeros meses de vida, especialmente cuando las madres se enfrentan a desafíos comunes como la percepción de baja producción de leche, grietas en los pezones, mastitis o las mal llamadas «crisis de lactancia».
El invaluable aporte nutricional de la leche humana: un tejido vivo
Para comprender la magnitud de la importancia de la LME, es necesario profundizar en la composición de la leche humana. La leche materna no es simplemente un alimento; la ciencia moderna la clasifica como un tejido vivo y dinámico, un fluido biológico complejo que cambia y se adapta a las necesidades específicas del lactante a lo largo del día e, incluso, durante una misma toma.
Nutricionalmente, el proceso inicia en el momento del nacimiento. Se promueve enfáticamente que el lactante haga contacto precoz (contacto piel con piel) y realice su primera toma de leche materna en la primera hora de vida. Este acto instintivo permite que el recién nacido pueda recibir el calostro, que es conocido mundialmente en el ámbito de la salud como el «oro líquido».
El calostro, que se produce en pequeñas cantidades perfectamente adaptadas a la capacidad gástrica del recién nacido (aproximadamente del tamaño de una cereza en su primer día), es el alimento con la mayor cantidad de inmunonutrientes que va a recibir un lactante en toda su vida. Está cargado de anticuerpos, especialmente inmunoglobulina A secretora (IgA), que recubre las mucosas inmaduras del intestino del bebé, sellándolas y previniendo la entrada de patógenos. Además, el calostro tiene un efecto laxante natural que ayuda a la expulsión del meconio, reduciendo significativamente el riesgo de ictericia neonatal.
Luego, conforme pasan los días y las semanas, la consejería en lactancia logra que la madre gane confianza, asegure un buen agarre y siga brindando leche materna a libre demanda, pasando por la etapa de leche de transición, para que el lactante pueda llegar a consumir finalmente una leche madura.
El aporte de la leche madura garantiza una correcta distribución de macronutrientes, lo cual brinda una adecuada digestibilidad de la leche materna en el lactante. A diferencia de las leches de otras especies, la leche humana tiene una proporción de proteínas dominada por el suero lácteo (alfa-lactoalbúmina) frente a la caseína. Esto forma coágulos muy suaves en el estómago del bebé, facilitando un vaciamiento gástrico rápido y evitando el estreñimiento.
En cuanto a las grasas, la leche humana aporta los lípidos exactos para la formación del sistema nervioso central. Es rica en ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga, destacando el ácido docosahexaenoico (DHA) y el ácido araquidónico (ARA), esenciales para la mielinización de las neuronas y el óptimo desarrollo de la retina y la capacidad cognitiva. Además, contiene colesterol, que es crucial para la maduración del sistema enzimático del niño, programando su metabolismo para regular mejor el colesterol en la vida adulta, un claro ejemplo de epigenética y programación metabólica.
Por el lado de los carbohidratos, la lactosa es el principal componente, aportando la energía necesaria y facilitando la absorción de calcio y hierro. Sin embargo, el verdadero prodigio nutricional son los oligosacáridos de la leche humana (HMOs, por sus siglas en inglés). Estos son el tercer componente más abundante en la leche materna y el bebé no los digiere. Su función no es alimentar al niño, sino alimentar a su microbiota intestinal. Actúan como potentes prebióticos, fomentando el crecimiento de bifidobacterias beneficiosas y actuando como «señuelos» para virus y bacterias patógenas, que se adhieren a los HMOs en lugar de a las paredes intestinales del bebé, siendo luego excretados en las heces.
El impacto social, económico y ambiental de la lactancia
Desde un punto de vista social, la lactancia materna es una de las herramientas de equidad más poderosas que existen. Garantiza el derecho fundamental a la alimentación y la seguridad alimentaria desde el inicio de la vida. Todo bebé, sin importar el nivel socioeconómico de su familia, su ubicación geográfica o las condiciones de su entorno, tiene acceso al estándar de oro de la nutrición si su madre recibe el apoyo adecuado para amamantar.
A nivel psicológico y emocional, el acto de amamantar libera un torrente de hormonas en la madre, principalmente la oxitocina (la hormona del amor) y la prolactina. Esto no solo estimula la eyección y producción de la leche, sino que induce un estado de calma, reduce el estrés, previene la depresión posparto y consolida un apego seguro con el bebé. Este vínculo temprano y sólido se traduce, a nivel social, en niños emocionalmente más estables, con mayor resiliencia y seguridad en sí mismos, lo que impacta positivamente en la sociedad a largo plazo.
En el ámbito económico, la LME representa un ahorro extraordinario. Para la economía familiar, elimina por completo la necesidad de comprar costosas fórmulas infantiles de inicio, biberones, tetinas, esterilizadores y el gasto en agua potable segura o combustible para hervirla. A nivel macroeconómico y de salud pública, un niño amamantado enferma con mucha menor frecuencia de diarreas, neumonías, otitis y alergias. Esto se traduce en una drástica disminución de las consultas pediátricas, hospitalizaciones, compra de medicamentos y, muy importante, reduce el ausentismo laboral de los padres que tendrían que faltar al trabajo para cuidar a sus hijos enfermos.
Finalmente, el impacto ambiental es un factor de relevancia crítica en la actualidad. La leche materna es un alimento totalmente ecológico, renovable y natural. No requiere procesos de industrialización que emitan gases de efecto invernadero. La industria de la fórmula infantil implica deforestación para pastizales, un gasto inmenso de litros de agua para producir un solo kilo de leche en polvo y el uso de plásticos, metales y cartones para su envasado y transporte internacional. Amamantar es, por definición, el primer acto de consumo sostenible y cuidado del medio ambiente que puede realizar un ser humano, generando cero residuos y cero huella de carbono.
El rol del nutricionista: estratega de los primeros mil días
El rol del nutricionista capacitado en lactancia materna abarca principalmente y con especial énfasis los primeros mil días de vida (que suman los 270 días de la gestación más los 365 días del primer año y los 365 días del segundo año), que es donde todas las políticas nacionales e internacionales trabajan coordinadamente para garantizar el máximo desarrollo y crecimiento físico, cognitivo y emocional de los niños y niñas.
Es en esta etapa de los primeros mil días donde el nutricionista se convierte en el pilar fundamental del equipo de salud. Su intervención no comienza cuando el bebé nace, sino durante el embarazo. En la consulta prenatal, el nutricionista evalúa el estado nutricional de la gestante, corrige deficiencias de micronutrientes (como el hierro, ácido fólico y calcio) y comienza la educación sobre la importancia de la leche materna. Se encarga de derribar mitos profundamente arraigados en la sociedad, como la creencia de que «mi leche no llena», «mi leche es aguada» o la idea errónea de que la forma de los pezones imposibilitará la lactancia. Preparar a la madre psicológica e informativamente es el primer paso para el éxito.
Durante el periodo perinatal y el puerperio inmediato, el nutricionista clínico y comunitario interviene para asegurar que la técnica de lactancia sea la correcta. Evalúa la transferencia de leche, enseña las diferentes posiciones para amamantar (posición de cuna, de sandía, acostada, etc.) y detecta tempranamente problemas mecánicos como la anquiloglosia (frenillo lingual corto) en el bebé, que podría estar causando dolor a la madre. Su empatía y conocimiento técnico previenen complicaciones dolorosas como la ingurgitación mamaria y la mastitis, que son las principales causas de abandono temprano.
A medida que el bebé crece, el rol del nutricionista evoluciona. Alrededor de las 3 y 6 semanas, y luego a los 3 meses, los bebés experimentan brotes de crecimiento o «crisis de lactancia», periodos donde demandan el pecho de forma continua y parecen irritables. La falta de información hace que muchas madres introduzcan fórmula por miedo a que el bebé esté pasando hambre. El nutricionista acompaña a la familia, explicando la fisiología de la producción de leche («a mayor succión, mayor producción») y brindando el soporte emocional necesario para superar estos picos de demanda.
Otro momento crítico donde la intervención del nutricionista es vital es el retorno de la madre al trabajo. En Perú existen leyes que promueven los lactarios institucionales, pero muchas mujeres desconocen cómo extraer, conservar y administrar su leche. El profesional de nutrición elabora un plan personalizado de extracción manual o con sacaleches, enseña las pautas de conservación (tiempos a temperatura ambiente, en refrigeradora y en congelador) y capacita a los cuidadores sobre cómo ofrecer la leche extraída sin interferir con la succión al pecho, promoviendo métodos como la alimentación con vasito o cuchara para evitar la confusión tetina-pezón.
Finalmente, al llegar a los seis meses de edad, el lactante inicia una nueva etapa, y es aquí donde el conocimiento clínico del nutricionista brilla nuevamente. La lactancia materna exclusiva cede el paso a la alimentación complementaria. El nutricionista lidera este proceso, enseñando a los padres cómo introducir alimentos de forma perceptiva, progresiva y segura, priorizando alimentos ricos en hierro (como sangrecita, bazo e hígado) para prevenir la anemia ferropénica infantil, un problema grave de salud pública en el Perú.
Durante esta transición, el profesional enfatiza que la alimentación es «complementaria» a la leche materna, no un sustituto. La recomendación de la OMS y del MINSA, avalada por los nutricionistas, es mantener la lactancia materna, junto con los alimentos, hasta los dos años de edad o más, ya que la leche materna sigue aportando hasta el 40% de los requerimientos de energía y un porcentaje vital de nutrientes y defensas inmunológicas en el segundo año de vida.
En conclusión, los avances estadísticos mostrados por la encuesta ENDES 2025 en Perú son el reflejo de una política pública articulada y del esfuerzo incansable de los profesionales de la salud. El nutricionista, dotado de ciencia, empatía y vocación, es el guardián de estos primeros mil días. Su trabajo asegura que el oro líquido fluya, nutriendo no solo el cuerpo físico de los futuros ciudadanos peruanos, sino fortaleciendo el tejido social, económico y ambiental del país para las generaciones venideras.
