Entrevista a Ricardo Fiorani, actual presidente de la Asociación de Clínicas Particulares del Perú (ACP).

Tras dos años al frente de la Asociación de Clínicas Particulares del Perú, Ricardo Fiorani culmina su gestión con la convicción de haber contribuido a posicionar al sector privado como un aliado clave en la transformación del sistema de salud. En esta entrevista, hace un balance de los avances logrados, los retos pendientes y su visión sobre el futuro del sector salud en el país.

¿Cuáles considera que han sido los principales logros alcanzados durante su gestión como presidente de la ACP?
Diría que el mayor logro ha sido consolidar la participación estratégica de la ACP como un actor clave para la transformación del sistema de salud peruano. Desde el inicio de nuestra gestión, nos propusimos fortalecer la institucionalidad del gremio y posicionar al sector privado como un actor comprometido con una visión de país. Trabajamos bajo la premisa de que el sistema de salud necesita ser más integrado, más transparente y sobre todo centrado en el paciente. Hemos dado pasos importantes en resaltar el rol de las clínicas privadas no solo como prestadoras de servicios, sino como socias del Estado en la construcción de un sistema mixto, eficiente y justo. Esto implica dejar de ver al sector privado como parte del problema, y reconocerlo como parte activa de la solución.

¿En términos de articulación con el Estado, qué avances destacaría y qué obstáculos han enfrentado?
Uno de los principales desafíos ha sido la búsqueda de transparencia y regulación justa. Desde la ACP participamos intensamente en procesos normativos clave, como en el caso del reglamento de la ley de banco de sangre, cuyo diseño pretendía transformar las reglas del juego del mercado de forma poco viable. En ese contexto, tuvimos una participación gremial y legal activa, logrando detener parcialmente la aplicación de esta norma y abriendo espacio al diálogo técnico. Otro tema relevante ha sido el del intercambio prestacional. Avanzamos en generar propuestas, pero aún enfrentamos reticencias del lado del Estado para implementar modelos innovadores como los servicios de salud por impuestos. La falta de apertura en algunos sectores impidió que iniciativas de alto impacto social y sanitario prosperaran con la celeridad deseada.

¿Cómo ha evolucionado la relación entre el sistema público de salud y las clínicas privadas durante estos dos años?
Desde la ACP promovimos espacios de diálogo, mesas técnicas y coordinación permanente con el Ministerio de Salud, SuSalud y el Consejo Nacional de Salud. Nuestro enfoque fue claro: demostrar que el sector privado trabaja con ética, profesionalismo y vocación de servicio. Hemos puesto énfasis en visibilizar nuestro compromiso con la formalización del sector y la mejora continua en la calidad de atención. Creo que hoy el Estado reconoce con mayor claridad que las clínicas privadas no somos un actor aislado o excluyente, sino un componente esencial de un ecosistema de salud que necesita colaboración, eficiencia y sostenibilidad.

¿Qué estrategias impulsaron desde la ACP para mejorar la calidad y seguridad en la atención a los pacientes?
Desarrollamos un planeamiento estratégico basado en cinco ejes clave: fortalecimiento institucional, salud basada en valor, transformación digital, equidad en el acceso a servicios y colaboración público-privada. Estos pilares orientaron cada una de nuestras acciones y buscaban responder a las necesidades reales del sector. La salud basada en valor fue un eje particularmente relevante. Propusimos estándares que priorizan los resultados en salud por sobre la cantidad de procedimientos, fomentando así una atención más humana y eficiente. Además, pusimos énfasis en la innovación digital como medio para garantizar seguridad clínica, trazabilidad, y mejores experiencias para los usuarios.

¿Qué rol debe cumplir el sector privado en el fortalecimiento del primer nivel de atención en el país?
El primer nivel de atención está gravemente debilitado en Perú. La brecha de infraestructura supera los 120 mil millones de soles, y el Estado no se da abasto para cubrirla. El sector privado puede y debe ser parte de la solución, no solo a través de su capacidad instalada, sino también mediante esquemas innovadores de colaboración. Proponemos, por ejemplo, mecanismos de intercambio prestacional con criterios claros, auditoría y sostenibilidad. Asimismo, los servicios de salud por impuestos permitirían que el sector privado financie y gestione centros de atención primaria en zonas desatendidas, acelerando la respuesta estatal sin sustituir su rol.

¿Cómo evalúa el impacto del trabajo gremial realizado por la ACP en estos años?
Considero que el trabajo gremial que realizamos desde la ACP durante este periodo fue sustancialmente transformador. No se trató solo de mantener una agenda institucional activa, sino de imprimirle una visión estratégica y de futuro al rol del sector privado en salud. A lo largo de estos dos años, fortalecimos nuestra presencia en los espacios de diálogo sectorial, logramos tener voz y voto en las discusiones más relevantes para la política sanitaria del país, y elevamos la calidad de nuestras propuestas técnicas frente al Estado. Uno de los impactos más importantes fue la consolidación del gremio como interlocutor legítimo. En un contexto donde muchas veces se polarizan las posiciones, demostramos que es posible construir puentes, articular intereses y priorizar el bienestar del ciudadano por encima de cualquier agenda particular. La ACP fue escuchada en instancias como el Ministerio de Salud, SUSALUD y el Consejo Nacional de Salud porque sustentamos nuestras propuestas con datos, evidencias y compromiso institucional. Además, desarrollamos capacidades internas: fortalecimos nuestra gobernanza, promovimos la formación continua entre nuestros miembros y trabajamos con una visión unificada. Cada clínica asociada entendió que más allá de la competencia, existe una responsabilidad compartida por elevar los estándares del sector y garantizar la sostenibilidad del sistema de salud. También promovimos espacios de cooperación interclínicas y con otras instituciones del sector salud, incluyendo iniciativas regionales y alianzas internacionales. En definitiva, el impacto del trabajo gremial no solo se mide por las normas a las que pudimos incidir o por los logros puntuales obtenidos, sino también por la cultura organizacional que sembramos: una cultura de responsabilidad, de innovación, de ética profesional y de colaboración. Creo firmemente que esa semilla continuará dando frutos en los años venideros.

¿Qué aspectos que viene realizando la ACP deben seguir en la agenda de la nueva gestión?
Ha sido un trabajo conjunto, sólido y sostenido. La ACP ha logrado mayor visibilidad, fortalecimiento institucional y representatividad ante los actores clave del sector salud. Formamos un gran equipo con el consejo directivo, la gerencia general y los socios. Nos unió la convicción de que se puede construir un mejor sistema de salud si se trabaja con responsabilidad, evidencia y sentido de urgencia.

El gremio demostró que puede elevar la voz del sector privado con solvencia técnica y espíritu propositivo. Hemos generado propuestas, articulado consensos y defendido principios esenciales como la ética médica, la calidad del servicio y el respeto al paciente. No podemos permitir que la salud siga siendo un privilegio o un campo de batalla ideológica. Debe ser un espacio de encuentro, de responsabilidad compartida entre lo público y lo privado, con el ciudadano al centro de todas las decisiones.

Finalmente, ¿qué mensaje desea dejar a los miembros de la ACP y al sector salud en general?
Culminar una etapa como la presidencia de la ACP no es solo un cierre, sino también un aprendizaje para proyectar el futuro con claridad y propósito. Mi mensaje a los miembros del gremio y a todos los actores del sector salud es, ante todo, un llamado a la unidad. La salud en el Perú no puede seguir siendo tratada como una trinchera ideológica. Debe convertirse en una causa común, donde los intereses del ciudadano estén por encima de cualquier disputa política, económica o institucional. La pandemia nos dejó una lección durísima: el sistema de salud debe ser resiliente, articulado y centrado en las personas. Hoy, ya en una etapa de reconstrucción, el rol del sector privado es más relevante que nunca. Debemos ser innovadores, solidarios, audaces. No podemos seguir esperando que el Estado lo resuelva todo, ni asumir que nuestro único rol es responder a la demanda. Tenemos que ser proactivos en generar soluciones, en aportar al cierre de brechas, en defender la calidad como principio irrenunciable.

A quienes continúan liderando la ACP, les pido que mantengan el espíritu de servicio, que no se conformen con lo logrado y que sigan elevando la vara. Que defiendan los espacios ganados con argumentos y propuestas, que trabajen con honestidad, y que se atrevan a soñar con un país en el que el acceso a la salud no dependa del lugar donde se nace o de los recursos que se tienen.

Y al sector salud en su conjunto, les extiendo una invitación abierta: trabajemos juntos. Dejemos atrás la desconfianza y construyamos sinergias. El Perú merece un sistema de salud moderno, justo y humano. Un sistema que no excluya, que no discrimine, que no castigue la iniciativa privada, sino que la incorpore como aliada estratégica. Yo me voy con la satisfacción del deber cumplido y con la esperanza intacta de que sí es posible lograrlo. Solo necesitamos voluntad, liderazgo y visión de futuro.

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