Entrevista a Jorge Ruiz, presidente electo del Consejo Directivo de la Asociación de Clínicas Particulares.

Médico cirujano, especialista en administración en salud, ha ocupado cargos clave tanto en instituciones públicas como privadas. Recientemente, el gerente general de la Clínica Javier Prado fue elegido Presidente del Consejo Directivo de la Asociación de Clínicas Particulares (ACP) para el periodo 2025-2027, desde donde promueve el desarrollo del sector privado de salud y una agenda articulada con el Estado, orientada en garantizar el acceso universal a salud de calidad con un enfoque centrado en el paciente.

En este contexto, conversamos con él sobre los desafíos del sistema de salud peruano, el rol del sector privado, la necesidad de reformas estructurales y la importancia de generar consensos sostenibles más allá del calendario electoral.

¿Cuál será el propósito de su gestión al frente de la Asociación de Clínicas del Perú?
Nuestro objetivo es consolidar a la ACP como un actor clave en la transformación del sistema de salud peruano. Queremos que las clínicas privadas sean vistas no solo como prestadores de servicios, sino como aliados estratégicos para un sistema integrado, transparente, sostenible y centrado en el paciente.

¿Cuáles serán las líneas estratégicas de su plan de trabajo?
Tenemos cinco ejes: fortalecer la institucionalidad gremial con una voz técnica relevante; impulsar una salud basada en valor centrada en resultados y experiencia del paciente; promover la transformación digital con criterios éticos; mejorar el acceso reduciendo el gasto de bolsillo; y fomentar una colaboración público-privada transparente y efectiva.

¿Qué desafíos identifica como prioritarios?
El sistema público muestra signos de agotamiento: baja ejecución, infraestructura deficiente y ciudadanos insatisfechos. El sector privado enfrenta concentración de mercado, ingreso de grandes capitales, agresiva integración vertical y presiones sobre las clínicas independientes. Además, la fragmentación institucional genera ineficiencia e inequidad.

¿Cuáles considera que serán las principales “batallas”?
Primero, trabajar en fortalecer un sistema de salud centrado en el ciudadano. Segundo, lograr transparencia regulatoria y reglas claras para todos. Tercero, defender la ética clínica frente a la lógica puramente financiera. Cuarto, mantener calidad y eficiencia en un entorno competitivo e impulsar la transparencia tarifaria para reducir el gasto directo del ciudadano.

¿Cuál es la tarea pendiente del Estado para fomentar un ecosistema más competitivo y colaborativo?
Establecer reglas de juego claras y estables. Modernizar los procesos de fiscalización y acreditación, eliminar barreras burocráticas y promover una competencia basada en calidad. También es clave fortalecer los sistemas de referencia y contrarreferencia, para asegurar continuidad y eficiencia. La participación del sector privado no es opcional: es una realidad en la construcción de un sistema más inclusivo y sostenible. Esta participación debe estar regulada adecuadamente, con enfoque técnico y centrada en resultados concretos para la ciudadanía.

¿Cómo puede contribuir el sector privado a mejorar el acceso a servicios de salud para la población?
Lo venimos haciendo en forma creciente en el tiempo. Desde la prestación de servicios a pacientes afiliados a IAFAS públicas, hasta el desarrollo de infraestructura en alianzas público-privadas. Impulsamos también plataformas de telemedicina en lugares de difícil acceso y participamos activamente en campañas de prevención y promoción. Para que estas alianzas sean sostenibles, necesitamos un marco de intercambio prestacional claro, donde las IAFAS públicas y privadas asuman oportunamente las obligaciones financieras derivadas de la atención a sus asegurados, tal y como les corresponde.

¿Qué lecciones dejó la pandemia al sector salud privado?
La pandemia puso a prueba al sistema de salud y el sector salud privado jugó un rol fundamental en esta batalla. Primero, que los modelos de atención privada pudieron adaptarse rápidamente, gracias al personal de salud que es el corazón del sistema y que demostró un compromiso admirable que debemos reconocer y agradecer. Segundo, que la respuesta debe ser coordinada entre todos los niveles del Estado y el sector privado, para lo cual contar con sistemas de información integrados es fundamental. Tercero, que hay que fortalecer integralmente el sistema de salud y prepararnos para acontecimientos similares en el futuro.

¿Considera la inteligencia artificial un desafío para el sector? ¿Cuál es su impacto?
Sin duda es un gran desafío y marca un nuevo hito en la historia de la salud. La IA ya está aquí y tiene un gran potencial si logramos usarla con responsabilidad. Puede contribuir a mejores diagnósticos y procesos clínicos, pero también conlleva riesgos como exclusión o deshumanización. Promoveremos una adopción progresiva, con criterios clínicos y éticos claros, así como formación profesional adecuada.

Desde su posición en el sector, ¿qué temas deberían priorizarse en una agenda electoral que ya está iniciando?
Consideramos indispensable construir una agenda de consenso en salud que esté por encima de los ciclos políticos. Una hoja de ruta única, centrada en el ciudadano, que comprometa a todos los partidos a darle continuidad a las reformas sanitarias promoviendo la estabilidad y la meritocracia en la gestión pública del sector. Esto significa además, fortalecer el primer nivel de atención, establecer políticas sostenibles que promuevan equidad y calidad, y reducir la actual fragmentación institucional.

El sector de la salud en Perú, además, enfrenta desafíos significativos en la formación y gestión de recursos humanos, los cuales impactan directamente en la calidad, equidad y eficiencia de la atención sanitaria, por la ausencia de una real política de recursos humanos de parte del Estado. Tenemos cuatro subsistemas que no dialogan entre sí: MINSA, EsSalud, las Fuerzas Armadas y el sector privado funcionan como compartimentos estancos. Es hora de construir un sistema de salud realmente articulado, con recursos adecuados, con un modelo de intercambio prestacional que permita aprovechar las fortalezas de cada actor.

¿Cuáles son los temas más relevantes sobre los que esperarían generar consensos en CADE Salud y qué expectativa tienen que ocurra con estas propuestas?
Nuestro objetivo es generar consensos en cuatro grandes áreas: Primero, el acceso y aseguramiento universal. Hoy más que nunca, se necesita un sistema que garantice a todas las personas el acceso universal efectivo a servicios de calidad, con infraestructura, financiamiento y talento humano suficientes. Y esto no será posible sin integrar, de forma estratégica, las capacidades del sector privado. No como un complemento, sino como un socio activo del Estado. Segundo, fortalecer la rectoría del sistema. Requerimos instituciones técnicas, autónomas, meritocráticas, con capacidad para coordinar e implementar políticas, supervisar con eficiencia y, sobre todo, proteger el bienestar de la ciudadanía. Tercero, contar con un sistema de salud resiliente. La pandemia nos dejó una lección clara: necesitamos un sistema capaz de atender con calidad de manera continua, incluso frente a emergencias. Esto implica una apuesta decidida por el primer nivel de atención y un trabajo articulado con el sector privado. Y cuarto, apostar por la innovación y tecnología.

Salud digital, telemedicina, investigación clínica y datos interoperables son ejes fundamentales para transformar el acceso y la calidad. Nuestra expectativa es clara: que estas propuestas no se queden en el papel. Queremos que sean acogidas por las autoridades competentes y por quienes vayan a ser gobierno en el futuro, que se traduzcan en políticas públicas viables y que se instalen espacios de diálogo permanente entre sectores. Solo así podremos construir una reforma estructural que trascienda los periodos de gobierno.

¿Qué rol cumple la CADE Salud en la relación sector privado y sector público?
CADE Salud es, ante todo, una plataforma de diálogo multisectorial que permite reunir a los principales actores del ecosistema de salud del país, sector privado, academia, sociedad civil, cooperación internacional en un espacio de reflexión estratégica. Para el sector privado, este encuentro representa una oportunidad invaluable para visibilizar su aporte estructural al sistema sanitario y posicionarse como un socio activo en la construcción de soluciones de largo plazo. No se trata solo de defender intereses de un individuo o grupo, sin considerar el bienestar general, sino de contribuir con una visión país, basada en evidencias y centrada en el ciudadano.

Desde el punto de vista institucional, el evento fortalece los vínculos entre el sector privado y las entidades públicas. En un contexto donde muchas veces predomina la desconfianza o la fragmentación, CADE Salud promueve una cultura de colaboración y corresponsabilidad. Nos permite construir puentes, acercar posiciones, intercambiar información técnica, identificar buenas prácticas y, sobre todo, alinear visiones. Este proceso es clave para avanzar hacia una reforma estructural que no dependa exclusivamente de una gestión ministerial o de un periodo de gobierno, sino que sea impulsada por todos los actores con un sentido de urgencia y permanencia.

CADE Salud también cumple un rol fundamental como espacio de rendición de cuentas. Permite revisar lo avanzado, identificar los cuellos de botella que siguen pendientes, y analizar por qué ciertas reformas no prosperan. Desde el sector privado, valoramos profundamente la posibilidad de escuchar a representantes del Estado, de la academia, de organismos multilaterales y de la ciudadanía, y contrastar visiones para encontrar puntos de encuentro. Esta interacción enriquece nuestras propias estrategias y nos permite ajustar nuestras contribuciones desde la realidad del país. Finalmente, CADE Salud nos permite mirar hacia el futuro. Más allá del diagnóstico, el evento nos invita a imaginar qué sistema de salud queremos como país dentro de 10, 15 o 20 años. Nos obliga a pensar en sostenibilidad, en transformación digital, en nuevas competencias del talento humano, en salud mental, en salud ambiental, en envejecimiento poblacional. Y lo más importante: nos recuerda que el ciudadano debe estar siempre al centro. En ese sentido, es un ejercicio colectivo de planificación, visión compartida y acción concreta, en el que el sector privado tiene un rol fundamental que asumir.

¿Qué mensaje desea dejar al país desde su nuevo rol?
Como presidente electo de la Asociación de Clínicas Particulares del Perú (ACP), mi mensaje se fundamenta en el compromiso de ofrecer un sistema de salud accesible, de calidad y centrado en el paciente. La ACP, con más de 75 años de trayectoria, representa a instituciones que priorizan la seguridad, la innovación y la eficiencia en la atención sanitaria. Reconocemos la importancia de una colaboración efectiva entre los sectores público y privado. Por ello, promovemos un sistema de salud centrado en el paciente que garantice el acceso a una salud universal, fomente la competencia y garantice la transparencia en los costos. La salud no debe ser un privilegio ni una disputa ideológica. Desde la ACP impulsaremos un sistema mixto más justo, con reglas claras, colaboración efectiva y compromiso con los ciudadanos.

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