El jueves 20 de agosto, 2026, a las 7:30 pm hora de Lima, participaron en forma virtual 20 personas de diferentes profesiones, interesadas en el tema: 12 médicos, 1 psicólogo, 2 filósofos, 2 abogados, 1 teólogo, 1 enfermera y 1 administrador. La mayoría bioeticistas.
Además de los Ponentes y el Moderador, tomaron la palabra en forma cronológica:
Jorge Martínez, Filósofo, Doctor en Filosofía por la Universidad Católica de Lovaina, Director del Centro de Estudios Medievales de la Universidad Gabriela Mistral de Chile;
Gustavo Sánchez, Teólogo, Doctor en Teología, Vice Rector de la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima;
Raúl De Lama, Psicólogo, Profesor de Bioética de la Facultad de Medicina de la Universidad San Martín de Porres;
Rose Mary Posadas, Abogada, Maestra en Derecho Civil, Docente en la Universidad Femenina del Sagrado Corazón (UNIFE), la Universidad de Lima y la Universidad Continental; y,
Juan Carlos González, Médico, Máster en Bioética, Profesor en la Universidad Católica Santa María de Arequipa.
Las Ponencias y las Intervenciones han sido resumidas, colocando únicamente los conceptos más significativos en relación al tema del simposio, a continuación de la mención de los nombres de cada uno de los que han tomado la palabra. En el caso de los Ponentes y quienes han intervenido más de una vez, se escribe debajo de sus nombres los conceptos vertidos en la Ponencia y lo dicho después de escuchar las opiniones e inquietudes de los participantes.
Lo escrito sobre las Ponencias y las Intervenciones ha sido previamente enviado a las personas que las han hecho para su revisión y corrección.
Recomendamos a todos los que leen el presente artículo ver en forma completa el video del Simposio que está en YouTube; lo pueden obtener buscándolo como «Simposios de la Red Peruana de Bioética Personalista».
Miguel Pastorino.- Hay una mirada cultural previa a la Inteligencia Artificial (IA) y que la IA está amplificando, y es que el pensamiento se reduce al cálculo y su dimensión pragmática o utilitaria, las personas valen si son más o menos productivas. El pensamiento es más que el cálculo. Pensar es reflexionar desde una Conciencia.
La IA no es neutral, pensar así es ingenuidad, la IA está diseñada con el objetivo de la eficiencia y tiene la orientación de quien la crea, la financia y promueve. No es verdad este determinismo tecnológico de Silicon Valley que promueve la idea de que la IA es imparable y que no se puede detener. El mundo ha detenido la clonación humana.
Hay que tener cuidado con la pereza intelectual. La IA si bien es cierto puede ser un instrumento que potencie el trabajo y ahorre tiempo, también puede afectar la creatividad del hombre convirtiéndonos en seres menos inteligentes, en la medida que nosotros nos adaptemos a los esquemas de las máquinas para que ellas sean más eficientes y deleguemos cada vez más funciones, como decidir quién puede o no recibir un préstamo bancario. En este tiempo es más relevante pensar en la agencia de la IA que su inteligencia.
Lo propio de lo humano es su fragilidad, lo que para la máquina es un defecto. Ser frágiles nos hace ser agradecidos, cuidadores, capaces de reconocer en el otro a un otro que necesita cuidado y protección. Una pregunta esencial es si será mejor para el hombre ser modificado como lo quieren los proyectos transhumanistas, contra los que el Papa León XIV arremete directamente y sin ningún eufemismo. Las palabras no son inocentes; cada vez usamos más metáforas que vienen de la informática para hablar de nosotros como el que “la mente es tu cerebro”. Este lenguaje se suma al lenguaje economista e instrumental de la persona que ya venía instalado en una cultura de mercado que la IA amplifica “yo dejé a mi novia porque no era productiva la relación” lo cual va construyendo una nueva ética sin mucha reflexión. Las máquinas trabajan con el pasado no pueden crear futuro; sin embargo, la IA y quienes la manejan van secuestrando cada vez más nuestra libertad y la verdad, ayudada de una tendencia infantil muy general izada del hombre a que otro decida por él. La capacidad de juicio es humana, la reflexión del hombre es lenta para el mundo maquinal, sin embargo, es clave para la correcta toma de decisiones humanas.
Raúl Madrid.- La regulación de la Inteligencia Artificial (IA) es probablemente imposible. ¿Se puede regular?, yo creo que no, al menos del modo tradicional. Creo que todos los intentos han sido deficientes. Esto no significa que deberíamos dejar de intentar regularla, pero no debe hacerse con un criterio positivista, es decir, intentar regular detalladamente y de manera anticipada su funcionamiento. La regulación de entes artificiales, como los digitales y todos los producidos por la IA, resulta ineficiente con este modelo, ya que su temporalidad y espacialidad son diferentes. La propuesta es una regulación normativa mediante principios.
Sugiero para este intento, doce principios: neutralidad tecnológica; legislación basada en riesgos pero no con etiquetas rígidas; proporcionalidad regulatoria aumentando las obligaciones en función del mayor riesgo; protección de la persona y los derechos fundamentales, es más la persona debería ser el centro; responsabilidad humana identificable; trazabilidad y auditabilidad, la IA debe ser jurídicamente auditable; transparencia contextual ; super visión humana significativa; gestión continua del riesgo durante todo el ciclo de vida del algoritmo; adaptabilidad normativa; interoperabilidad con el derecho existente, no crear un derecho especial; y revisión periódica y cláusulas de autorización.
Después de las intervenciones de los asistentes, Raúl Madrid aclara que la IA no solo no es neutral en razón de los objetivos propuestos por sus programadores, sino que a mayor inteligencia se genera una conciencia subyacente, con fines propios de la IA, que no serán parecidos a los nuestros. Es muy posible también que, con el tiempo, el parecido de las máquinas con el hombre impulse que grupos defiendan la existencia de derechos de los seres mecánicos, e incluso se les considere -por parte de movimientos políticos o de asociaciones de derechos humanospersonas no humanas. Otro gran tema será el de la disminución cognitiva que está produciendo la IA, vamos a tener algunas generaciones con aptitudes cognitivas mermadas hasta que se encuentre una manera de dominar esto. Lo único que nos puede salvar, en este sentido, es la educación para usar adecuadamente la IA sin afectar el intelecto.
Jorge Martínez.- Sí, es muy necesario regular la IA, pero para que haya una buena regulación es necesario saber qué es y sobre todo qué no es la IA. Hay un enorme equívoco al llamar a la IA inteligencia, y se le tiene miedo a la IA porque de alguna manera se supone que es algo que va a remplazar a la inteligencia humana. Estimo que eso no va a suceder. La inteligencia humana es una inteligencia indefectiblemente asociada a la voluntad, pero la IA no tiene como correlato una «voluntad artificial». Por otra parte, la inteligencia humana, a diferencia de la artificial, es personal: cada persona es portadora de una autoconciencia intransferible e incomunicable. La IA, que en real idad debiera ser llamada «razón artificial», es solo un gigantesco y complejísimo sistema de cálculos.
La IA no es más que un sistema estímulorespuesta que solo actúa si hay una acción humana previa; ella por sí sola no puede tomar la iniciativa. El temor que se está generando es, en realidad, un temor hacia nosotros mismos porque nos encontramos en una brutal intemperie ética que nos impide tomar decisiones sensatas respecto de nuestras propias creaciones tecnológicas. En suma, no soy partidario de un diagnóstico demasiado catastrófico. Prefiero más bien confiar, a pesar de todo, en nuestros reflejos éticos frente a este nuevo fenómeno cuyo tratamiento ha sido un tanto inflacionario.
Gustavo Sánchez.- Me pregunto, haciendo una analogía con la globalización según dice Benedicto XVI en «Caritas in veritate», si la IA no sería ni buena ni mala. Es un instrumento y por ende, sería neutro. Las personas que la crean y perfeccionan son las que no son neutras, tienen sus intenciones; la regulación y las normas jurídicas, para que funcionen, deberían dirigir su mirada a estas personas. El Papa en la encíclica Magnífica Humanitas ha hablado de la custodia de la persona, del ser humano, la IA en función del ser humano y ha expresado bellamente que el modelo de persona que debemos de tener y salvaguardar es el de Jesucristo.
Raúl De Lama.- Es preocupante que actualmente se pretenda asignar la condición de persona a la IA. Si todo es persona ya nada es persona. Me gustaría escuchar la posición de los expositores al respecto y también sobre cuál sería el papel de nosotros en aras de sensibilizar a la sociedad de este peligro.
Rose Mary Posadas.- Me parece que la regulación a través de las normas legales, poniendo límites específicos por la ley, y no necesariamente la regulación por principios, sería la mejor manera de impedir que se convierta a la IA en un sujeto de derecho con los riesgos que esto conlleva.
Juan Carlos González.- Hay estudios serios con Resonancia Magnética funcional que reportan que el uso de la IA conduce a utilizar muchas menos vías de activación cerebral que cuando no se la usa. Esto produce un atontamiento cerebral que según la lógica biológica nos podría llevar a la pérdida de funciones intelectuales. En este sentido debería legislarse desde cuando se va a exponer al ser humano a la IA, sobre todo en el ámbito educativo. Ya estamos viendo que en los países nórdicos se está regulando en este sentido, haciendo retornar en los años de educación primaria a la lectura, actividades manuales y todo lo que activa las vías cerebrales.
Si bien es cierto la IA, que de ninguna manera se equipara a la inteligencia humana, constituye uno de los avances más grandes en la medicina debido a que nos está ayudando grandemente en la precisión y rapidez diagnóstica como en la toma de decisiones, también existen estudios que demuestran que los estudiantes de medicina cada vez razonan menos.
CONCLUSIONES:
En este acápite esta vez, y con su autorización, transcribo el comentario que Julio Tudela, Máster y Doctor en Bioética, Director del Observatorio de Bioética de la Universidad Católica de Valencia, me envió después de revisar el video del Simposio.
«Muchas gracias, Alejandro. Siento mucho no haber podido participar en este evento tan interesante. Sabes que este tema me apasiona. Te felicito por su resultado, agudo en el análisis y bien centrado en la valoración, además de magistralmente formulado. Enhorabuena. Hay dos aspectos que aparecen soslayados y creo que son importantes para el análisis. El primero es el problema de la antropomorfización al que están conduciendo los LLM (modelos de lenguaje amplios) en cuanto a la simulación en las relaciones humanas. La dotación de una apariencia emocional a estos sistemas ofrece un enorme poder seductor que arrastra hacia la virtualidad en detrimento de las relaciones personales reales, con más riesgo, pero más necesarias y constructivas. Sobre esto debe mencionarse la tendencia aduladora de los algoritmos («quien te adula es tu enemigo, el que te corrige es tu padre»). Por otra parte, y en relación con lo anterior, la IA trae asociada la fascinación por el poder, que podemos situar como la tentación originaria para el ser humano. La enorme capacidad de cálculo de estos sistemas provoca en los usuarios una enorme fascinación, una seducción hacia el poder y el dominio, que resulta adictiva y confunde al que cae en esta seducción porque lo aleja de su propia realidad limitada y vulnerable (seréis como dioses). Es importante señalar también que la atrofia, íntimamente ligada a la pereza, que trae consigo la IA no solo supone una pérdida de capacidad, sino, como pecado capital, una profunda desorientación existencial, que puede oscurecer la vida. Perdóname esta licencia, pero me preocupa tanto la ingenuidad que percibo a mi alrededor frente a la IA que todo lo que hagamos en este sentido en el que estás trabajando siempre será poco. Un fuerte abrazo y gracias de nuevo.»
