La conmemoración del Día de la Medicina Peruana constituye un momento propicio para hacer una breve reflexión sobre el sentido de nuestra profesión sobre la base del recuerdo del sacrificio de Daniel Alcides Carrión, joven estudiante de la Facultad de Medicina de San Fernando, que en 1885 decidió inocularse el germen de la entonces llamada «verruga peruana», con el propósito de demostrar su vínculo con la fiebre de La Oroya.

Carrión murió semanas después, pero su sacrificio consolidó el nacimiento de la investigación científica en el Perú enfocada en la búsqueda de una forma de enfrentar un problema de salud que había cegado la vida de cientos de trabajadores que tenían a su cargo la construcción del Ferrocarril Central, una obra ambiciosa que unía Lima con los Andes Centrales del Perú. Este acto de entrega personal y compromiso con la verdad fue reconocido por la universidad, el Estado y la sociedad como un acto de heroísmo médico y científico.

Hoy, su gesto no pertenece únicamente al pasado. En este siglo XXI, cuando enfrentamos pandemias globales, crisis sanitarias y la transformación digital de la atención médica, el legado de Carrión adquiere un nuevo significado, nos recuerda que la medicina es ciencia y ética a la vez, que ser médico implica no solo saber curar, sino también investigar, educar y sobre todo servir. La Facultad de Medicina de San Fernando, la más antigua del Perú y de América Latina, ha sido testigo y protagonista de los grandes hitos de la salud y de la educación médica en nuestro país. Desde sus aulas y hospitales se han formado generaciones de médicos que, al igual que Carrión, no se han limitado a ejercer la clínica médica, sino que asumieron el rol de líderes sociales, investigadores, gestores y constructores de nuestra Nación.

En este contexto Carrión encarna la unión de ciencia y patriotismo. En él se sintetizan tres dimensiones que siguen vigentes en la formación médica: El amor a la ciencia y la verdad; la decisión de experimentar en sí mismo fue un acto radical de búsqueda del conocimiento. La responsabilidad social; su sacrificio no buscaba prestigio personal, sino resolver un problema de salud pública. La ética del compromiso; Carrión entendía que la medicina se legitima en el servicio y en la entrega a la sociedad.

Hoy, San Fernando y todas las escuelas de medicina del país tienen la tarea de transmitir estos valores a las nuevas generaciones de estudiantes. La formación médica en el siglo XXI enfrenta desafíos inéditos: explosión de conocimiento biomédico, globalización de la atención, nuevas tecnologías diagnósticas y REVISTA DE LA ASOCIACIÓN DE CLÍNICAS PARTICULARES DEL PERÚ (ACP) DÍA DE LA MEDICINA Carrión y el sentido de la Medicina en el Perú terapéuticas, medicina personalizada, inteligencia artificial aplicada a la salud y, al mismo tiempo, persistencia de inequidades, enfermedades infecciosas reemergentes y crisis ambientales que afectan la salud humana. En ese contexto, el ejemplo de Carrión nos inspira a formar un médico integral, que reúna tres características esenciales: ser un «médico científico», capaz de interpretar la evidencia, participar en la investigación, innovar y aplicar la ciencia con pensamiento crítico. Un «médico humano», que asuma el cuidado del paciente como un acto ético y solidario, reconociendo la dignidad de cada persona. Un «médico socialmente responsable», consciente de que la medicina se ejerce en un país con profundas desigualdades y que su rol es también contribuir a la justicia social.

Es así que Carrión no es un mártir del pasado, sino un referente vivo que orienta el tipo de médico que debemos formar.

En la actualidad, los jóvenes que ingresan a nuestras facultades ya no enfrentan únicamente el desafío del aprendizaje memorístico, sino el de aprender a aprender en un mundo en constante cambio. De ellos se espera una «rigurosidad científica», pues no basta con repetir conocimientos, sino que sean capaces de analizar críticamente la evidencia, distinguir entre ciencia sólida y pseudociencia, y estar abiertos a la innovación. Requerirán el desarrollo de «competencias digitales», pues la telemedicina, la historia clínica electrónica, el uso de inteligencia artificial y big data son parte de la práctica cotidiana. Se debe fortalecer su «vocación de servicio», pues el contacto humano sigue siendo insustituible: escuchar, comprender y acompañar al paciente son competencias esenciales.

Finalmente resulta indispensable, no solo enseñar sino inspirar con el ejemplo, el más profundo sentido de la “ética y el humanismo”, pues en un mundo donde la tecnología puede despersonalizar, el médico debe ser guardián de la dignidad humana.

El nuevo médico peruano debe integrar ciencia, tecnología y humanismo con un profundo sentido de responsabilidad social. La conmemoración del Día de la Medicina también nos interpela a quienes ya ejercemos la profesión, en tiempos de cambios vertiginosos, es preciso mantener una actualización permanente, no como algo opcional, sino como un deber. Por tanto, se espera de nosotros una «educación continua», que nos mantenga actualizados frente al avance de la ciencia, participar en programas de recertificación y mantener una actitud de aprendizaje permanente. Debemos asumir un rol de «mentoría», que permita transmitir a las nuevas generaciones no solo conocimiento técnico, sino valores profesionales. Es preciso asumir un «compromiso con la calidad y la seguridad del paciente», que incorpore prácticas basadas en evidencia, gestión de riesgos y cultura de mejora continua. Del mismo debemos mantener una arraigada «ética profesional», capaz de resistir a las presiones de la mercantilización de la medicina, manteniendo la primacía del bienestar del paciente.

La sociedad peruana necesita médicos que sean no solo competentes, sino también referentes éticos en un contexto de creciente desconfianza institucional. El sacrificio de Carrión fue, ante todo, un acto de investigación científica, también nos recuerda que la medicina no puede limitarse a la práctica asistencial, sino que debe impulsar permanentemente la producción de conocimiento.

En la actualidad, el Perú requiere fortalecer la investigación clínica, epidemiológica y en salud pública. Ello implica fomentar la investigación en pregrado y postgrado; establecer redes entre universidades, hospitales, clínicas y centros de investigación; vincular la investigación con las necesidades sanitarias del país, como enfermedades infecciosas, crónicas, salud mental, inequidades en acceso a la salud, determinantes sociales y ambientales.

La investigación es la manera más auténtica de honrar a Carrión, porque mantiene viva su herencia de amor a la ciencia y a la verdad. El gesto de Carrión también plantea preguntas éticas que siguen vigentes: ¿hasta dónde llega el compromiso del médico? ¿cómo equilibrar la investigación con la protección de la vida?

En la actualidad, la ética médica enfrenta dilemas complejos como la edición genética, el uso de la inteligencia artificial en diagnósticos, límites de los tratamientos al final de la vida, uso de datos de pacientes, relación con la industria farmacéutica. Ante ellos, el ejemplo de Carrión nos invita a recordar que la ética no es un elemento que solo agrega valor a nuestra práctica, sino que es el corazón y el eje del ejercicio de la medicina. El médico debe ser garante de la dignidad humana, incluso cuando la tecnología y los intereses económicos tienden a desdibujarla. El Día de la Medicina no debe quedar como un simple recuerdo en homenaje a Carrión; debe constituirse en una oportunidad para renovar nuestro pacto social como comunidad médica con la defensa de la universalidad del derecho a la salud, con la promoción de la calidad y seguridad de la atención médica. Debemos impulsar la colaboración entre el sector público y privado en beneficio del paciente, reconocer y valorar a los médicos que, en clínicas, hospitales y comunidades, sirven día a día con esfuerzo y vocación.

En este sentido, el establecer puentes entre las instancias decisoras del Estado, las universidades, facultades de medicina y las instituciones prestadoras de servicios de salud, incluyendo las clínicas particulares, resulta fundamental para avanzar hacia la construcción de un sistema de salud más justo, eficiente y humano.

A 140 años de su sacrificio, Daniel Alcides Carrión sigue vivo en cada médico que investiga, en cada estudiante que abraza la vocación de servicio, en cada profesional que ejerce con ética y en cada institución que se compromete con la salud de la población.

Como decano de la Facultad de Medicina de San Fernando, estoy convencido de que el mejor homenaje que podemos ofrecerle no es solo recordar su gesta heroica, sino formar y ejercer como médicos que honren la ciencia, la ética y el compromiso social.

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