
Desde el año 2000, se celebra el día mundial del corazón. Inicialmente se conmemoró el último domingo de septiembre, pero en el año 2011 se fijó el 29 de septiembre como la fecha oficial para facilitar la coordinación de actividades a nivel internacional. Esta iniciativa partió a raíz del XIII Congreso Mundial de Cardiología, celebrado el Río de Janeiro en el año 1998, y fue impulsada por el Dr. Antoni Bayés, cardiólogo catalán y presidente de la Federación Mundial del corazón (WHF, por sus siglas en inglés) en esos años, con el objetivo de concientizar sobre la creciente carga de las enfermedades cardiovasculares, especialmente en países en vías de desarrollo, y realizar acciones de prevención y promoción mediante intervenciones poblacionales efectivas y rentables. Las Enfermedades cardiovasculares engloban una variedad de trastornos que afectan al corazón y a los vasos sanguíneos, incluyendo la enfermedad coronaria, los accidentes cerebrovasculares, la hipertensión arterial, entre otras. Según la Organización Mundial de la Salud, más de 17,9 millones de personas mueren cada año a causa de este tipo de condiciones o enfermedades cardiacas, representando el 31% de todas las muertes a nivel global. Se proyecta que para 2030, esta cifra aumentará a más de 23 millones de muertes anuales. En nuestro medio es la segunda causa de muerte, superada solo por las infecciones respiratorias bajas. Pese al avances terapéuticos y la tecnología, no se avizoran cambios en las tendencias de incremento de casos de enfermedad cardiovascular, pese al creciente conocimiento de sus causas y la aparición de los referidos fármacos por diferentes razones: el estilo de vida cada vez más sedentario y en incremento del consumo calórico están generando una pandemia de obesidad, nunca antes vista y sin visos de solución a corto mediano plazo, más aún en ausencia de un marco legal que reconozca a esta patología como una enfermedad crónica, pese a 3 iniciativas que están ya en el congreso, y que generen espacios para el incremento de actividad física, una normatividad que regule el consumo calórico y que permita el acceso a una atención multidisciplinaria y con cobertura de fármacos y cirugías en los casos estrictos que así se requiera (el 45 % de los gastos en salud corresponden a patologías derivadas del sobrepeso y obesidad). Sabemos que la obesidad produce una inflamación de bajo grado y se encuentra íntimamente relacionada al incremento de los factores de riesgo cardiovascular como la hipertensión, diabetes, dislipidemia aterogénica, etc. En el corto plazo podría incrementar los costos en salud, pero en un lapso de 10 años, se produciría un ahorro significativo en los sistemas de salud como lo demuestra el estudio del economista Pablo Lavado, de la Universidad del Pacífico.
De otro lado, seguimos aplicando medicina poblacional, basada en guías, que si bien es cierto facilitan la decisión terapéutica, están muy lejos de ser una medicina individualizada, de precisión: según el estudio RENIMA (Registro nacional de Infartos, 2013) el 53 % de los pacientes debutan su enfermedad coronaria con muerte súbita o infarto. Y la mayoría de ellos, 37 %, solo presentaba un factor de riesgo, incluso el 11 % no presentaron ningún factor de riesgo conocido. Diversos estudios han reportado que hasta un 80 % de los eventos cardiovasculares agudos son prevenibles, con una adecuada historia personal y familiar y además de la detección de los factores de riesgo tradicionales, es importante recurrir a imágenes: en muchos casos una simple ecografía de carótidas y femorales nos pueden dar mucho mayor información que una prueba de esfuerzo o pruebas más avanzadas como el Score Coronario de Calcio o Angiotomografía, que pese a su mayor costo, están justificadas cuando los síntomas, el tamizaje de riesgo o los hallazgos ecográficos así lo sugieran.

También es un problema la toma de conciencia sobre alcanzar las metas en los tratamientos instaurados: es frecuente encontrar pacientes hipertensos que están medicados con 1 solo fármaco cuando sabemos que la gran mayoría de hipertensos, para poder controlar la presión van a requerir entre 2 y 3 fármacos para alcanzar los valores óptimos. Igual ocurre con la dislipidemia, en donde para tener impacto se requiere el uso de fármacos de alta potencia, sin embargo, vemos una inercia terapéutica con el uso de una estatina a dosis mínima que no ha demostrado ser eficaz en la prevención primaria o secundaria. Las nuevas medicinas para diabetes y dislipidemia, que tiene un soporte robusto con medicina basada en evidencia, lamentablemente no están al alcance de la mayoría de los peruanos y seguimos indicando fármacos que no contribuyen a disminuir la morbimortalidad. Pero tal vez el mayor problema radica en que seguimos realizando una medicina terapéutica: prevención primaria (en quien, pese a tener factores de riesgo, no ha tenido eventos cardiovasculares aún) y en prevención secundaria (para evitar la recurrencia de nuevos eventos isquémicos), olvidándonos de ir a las raíces, generando conciencia desde edades tempranas de la vida, e incluso en etapas más tardías, realizando la llamada prevención primordial: es decir, actuar antes que aparezcan los factores de riesgo: estimular la práctica de actividad física, la nutrición balanceada, respetar las horas de sueño, etc. Nosotros los médicos hemos sido formados para tratar todo tipo de enfermedades, pero muy poco sobre prevención, debiendo modificarse la currícula universitaria en tal dirección, además de hacerse campañas de prevención en los niveles primarios de atención, y encargar parte de esta labor preventiva a colegios, distritos y gobiernos regionales.
Igualmente masificar la práctica de cursos de reanimación cardiaca en todos los ámbitos, especialmente en los que se practica deportes. Estamos esperanzados en que, en un futuro no muy lejano, la ayuda de la inteligencia artificial pueda servir para optimizar las decisiones terapéuticas que permitan una atención más personalizada. Estos conceptos que para algunos aun resultan lejanos como IA, machine learning (aprendizaje automático, AA), Deep Learning (aprendizaje profundo, AP), data science o big data. Los Algoritmos de predicción, recomendación, diagnóstico y gestión de datos, son probablemente las áreas más maduras en el mundo de la medicina y la cardiología. El tiempo dirá cuanto puede llegar a ser el impacto en la prevención de las enfermedades cardiovasculares. Es 29 de setiembre es una excelente oportunidad para la toma de conciencia sobre este padecimiento, las enfermedades cardiovasculares, que matan más personas en el mundo que ninguna otra patología, sensibilizar a la población sobre los estilos de vida saludables: evitar el tabaquismo, consumir dietas ricas en frutas y verduras y con alto contenido proteico, incrementar la actividad física combinando ejercicios aeróbicos y anaeróbicos (de resistencia o fuerza), restringir el consumo de alcohol y bebidas azucaradas, evitar el sobrepeso y pasados los 40 años, o antes si existen familiares relacionados con enfermedad cardiovascular a edad temprana, acudir a chequeos médicos preventivos. Igualmente, esta fecha podría servir como un llamado de atención a las autoridades para que prioricen los temas de salud en las agendas, buscando aproximarse a la equidad en los servicios de salud, con marcos legales en temas de prevención, promoción y cobertura.
