Durante más de 20 años trabajando en el sector salud, he podido ver desde distintos espacios cómo el sistema de salud pública en el Perú ha destinado gran parte de sus recursos (inversiones y gasto en servicios) en la atención de casos complejos y costosos que se llevan gran parte del presupuesto de salud; y si bien nadie discute que los hospitales y programas para curación y atención de casos complejos son esenciales, también es cierto que, sin un primer nivel de atención de salud fortalecido, ningún sistema sanitario será sostenible en el tiempo.
Creo profundamente que la salud sí tiene cura. Pero esa cura no se encuentra únicamente en hospitales de alta complejidad, ni en medicamentos costosos; está, sobre todo, en la prevención, en el seguimiento oportuno y en la capacidad de conocer a nuestras poblaciones antes de que la enfermedad aparezca y desarrollar programas de gestión de salud poblacional. Eso solo es posible si ponemos al primer nivel de atención donde siempre debió estar: al centro de la estrategia nacional de salud.
Hoy en día, el Estado cubre cerca del 90% de las atenciones en salud en el país, y el sector privado apenas el 10%. Esta diferencia no es un problema en sí, pero sí revela una enorme oportunidad para que el sector privado pueda tomar un rol protagónico en implementar estrategias que faciliten el acceso a servicios de salud de calidad, especialmente en el primer nivel de atención. Desde Clínica Aviva, venimos haciendo nuestra parte. Como sede autorizada por el Minsa, hemos administrado más de 45 mil vacunas gratuitas desde que abrimos nuestras puertas. También hemos realizado cerca de 5 mil chequeos enfocados en la prevención, trabajamos con partos humanizados y gestionamos programas para la atención de pacientes crónicos.
Estas acciones no buscan reemplazar al Estado, todo lo contrario; lo que queremos es acompañarlo. El sector privado tiene una capacidad natural para actuar con agilidad, invertir con rapidez y responder con eficiencia a las demandas de salud. Si trabajamos juntos, tanto el público como el privado, podemos acelerar el cierre de brechas en zonas donde el Estado aún no llega con la fuerza que se necesita. Este tipo de colaboración no solo es posible, sino que ya ocurre. Lo que necesitamos es sistematizarla, facilitarla y escalarla. Es fundamental que el Estado reconozca al privado como un aliado estratégico en la atención primaria. No somos competidores, somos complementarios.
Hoy en día, la gestión sanitaria demanda un trabajo en equipo entre el personal asistencial y la tecnología con el uso de datos. En Clínica Aviva contamos con historia clínica electrónica y un sistema automatizado que nos permite monitorear a nuestros pacientes, anticipar riesgos y tomar decisiones basadas en evidencia. Hablar de salud sostenible sin hablar de datos es una contradicción. No se puede gestionar lo que no se mide. Necesitamos conocer a nuestras poblaciones, saber qué enfermedades enfrentan, qué factores de riesgo están presentes y cómo evolucionan sus condiciones a lo largo del tiempo. Con esa información podemos tomar decisiones preventivas y no solo reactivas.
Si queremos hablar de sostenibilidad, tenemos que hablar de resultados. ¿Estamos logrando que los pacientes prediabéticos no lleguen a ser diabéticos? ¿Cuántos casos evitamos con un control nutricional temprano? ¿Qué tan satisfechos están los usuarios con su atención? La única forma de responder a estas preguntas es con datos. Y esos datos deben alimentar una visión compartida entre Estado y privados, para construir políticas públicas sostenibles y evaluables.
Claro que no todo es sencillo, existen desafíos. Uno de ellos es el volumen de pacientes. Mientras EsSalud y el SIS manejan a más de 28 millones de asegurados, el sector privado apenas atiende a una fracción de esa población. Esto hace que muchos centros ambulatorios privados operen con capacidad ociosa. Y un modelo que no tiene volumen difícilmente es sostenible en el tiempo. Además, los trámites para obtener licencias, categorizaciones o permisos pueden demorar los proyectos innecesariamente. Hemos logrado superarlos, pero no deja de ser un cuello de botella que debe resolverse si queremos avanzar más rápido. La tramitología no puede seguir siendo un freno para iniciativas que buscan cerrar brechas de atención en servicios de salud.
Otro desafío es la percepción respecto a los costos y eficiencia del privado en la atención de servicios de salud. En Clínica Aviva, por ejemplo, trabajamos con eficiencia en costos, con tarifas accesibles y con un modelo de alta calidad médica enfocado en la clase media emergente; poniendo la experiencia del paciente y su familia al centro de nuestros servicios. El sector privado puede ser competitivo, inclusivo y solidario. Solo necesita que le den el espacio para demostrarlo.
A veces se cree que la oferta de servicios de salud solo es crítica en las regiones fuera de Lima, la verdad es que hay grandes desafíos a nivel nacional (Lima y provincias). Lima, siendo hogar de casi un tercio de la población nacional, sigue enfrentando esperas largas y una sobrecarga del sistema. En las regiones, la situación se agrava por la falta de especialistas. Tecnologías como la telemedicina pueden ayudar a reducir esas brechas. La descentralización de servicios de salud no será posible sin el impulso del sector privado, y para ello, necesitamos mecanismos de colaboración adecuados a la realidad de cada región. No podemos aplicar la misma receta en todos lados. En algunos lugares funcionará mejor una APP aplicada a bata blanca, bata verde o bata gris; en otros, convenios de provisión directa o modelos de “servicios médicos por impuestos”. La clave está en la flexibilidad.
Desde mi experiencia, un modelo de atención sostenible se basa en cuatro pilares: calidad médica, costo-eficiencia, experiencia del paciente, y ser un gran lugar para trabajar para el personal médico, asistencial y administrativo. No basta con atender bien y a buen precio, hay que asegurarse también de que el paciente se sienta escuchado, cuidado y tratado con dignidad. En Clínica Aviva medimos estos factores con rigurosidad. Nuestros indicadores de satisfacción (NPS), nuestros estándares clínicos, nuestros ratios de eficiencia, y las encuestas de clima organizacional nos permiten corregir a tiempo y mejorar continuamente. Este enfoque no solo garantiza un servicio de calidad, sino que nos permite crecer con orden y visión de largo plazo. A nivel internacional, ya existen indicadores que miden estos aspectos, es hora de incorporarlos de forma sistemática en nuestro país, tanto en el sector público como en el privado. Solo así podremos evaluar si nuestros servicios están siendo realmente sostenibles y si estamos caminando en la dirección correcta.
Lo que necesitamos en el Perú es una política nacional que reconozca al sector privado como un verdadero aliado en el primer nivel de atención. Que facilite modelos de colaboración diversos para bata blanca, verde o gris dependiendo de las necesidades territoriales. Que permita a clínicas, aseguradoras, farmacias y startups de salud sumar al ecosistema sin trabas innecesarias. No se trata de privatizar la salud, sino de multiplicar los canales de acceso para todos los peruanos.
Esa política debe incluir incentivos a la inversión en servicios de salud, mecanismos de interoperabilidad digital, formación conjunta de recursos humanos y acceso a programas públicos de vacunación y prevención. Debe ser una política orientada a resultados, con metas claras y mecanismos de rendición de cuentas; y, sobre todo, debe construirse con participación activa del sector privado desde el diseño, no solo en la ejecución.
El modelo de Clínica Aviva apunta a un segmento muchas veces olvidado: la clase media emergente. Este grupo, que no califica para subsidios, pero tampoco puede costear seguros privados caros, se encuentra atrapado en un limbo sanitario. Para ellos, la propuesta de Clínica Aviva representa una alternativa real, con precios accesibles y servicios de calidad. Pensar en modelos inclusivos implica también entender estas realidades económicas, desarrollar modelos sostenibles, diversificar la oferta de salud, ampliar el acceso y dignificar la experiencia del paciente; y eso es posible si se fomenta un ecosistema de salud con visión de largo plazo y con un propósito en lograr que con calidad médica y trato amable, más peruanos puedan vivir sanos para conquistar sus sueños.
En Clínica Aviva, nuestro compromiso es claro: queremos seguir creciendo con un modelo de atención accesible, de calidad y centrado en las personas. Apuntamos a la clase media y media emergente, que muchas veces queda fuera del radar de la salud pública y del alcance del seguro privado tradicional. Queremos que esas familias encuentren en nosotros una alternativa cercana, amable y confiable. Seguiremos invirtiendo en centros ambulatorios y en clínicas del segundo nivel. Seguiremos innovando con tecnología y programas de prevención, y, sobre todo, seguiremos apostando por una salud más humana, más preventiva y más equitativa.
Estoy convencido de que el Perú tiene todo para construir un sistema de salud sólido y sostenible; pero esa construcción solo será posible si reforzamos la base: el primer nivel de atención. Ese esfuerzo debe ser multisectorial: Estado, privados, gremios de profesionales de la salud, academia y ciudadanía. Todos sumamos. Hoy más que nunca, es momento de romper paradigmas y trabajar juntos; porque cuando lo hacemos bien, ganamos todos: gana el paciente, gana el sistema, gana el país.
Pedro Chávez Cabello
Gerente General de Clínica Aviva
