El nombre del Dr. Gustavo Salinas Sedó está profundamente entrelazado con la historia de la cirugía moderna en el Perú. Fue un hombre que soñó con transformar la medicina desde el conocimiento, la tecnología y, sobre todo, desde el amor por sus pacientes. Con más de cuatro décadas dedicadas a la cirugía general, laparoscópica, endoscópica y bariátrica, se convirtió en un pionero, un maestro y un referente de humanidad en la práctica médica.

Desde sus inicios tuvo una convicción clara: el médico debe ser un eterno aprendiz. Tras formarse en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y especializarse en cirugía general en el Hospital Guillermo Almenara, inició un camino que marcaría un antes y un después en la historia quirúrgica del país. Fue de los primeros cirujanos peruanos en introducir y dominar técnicas de cirugía laparoscópica y endoscópica cuando aún eran incipientes en el mundo. Su visión siempre fue adelantada a su tiempo: incorporar la innovación al servicio de la salud para hacer los procedimientos más seguros, menos invasivos y más humanos.

A lo largo de su carrera participó en congresos y simposios internacionales como asistente y expositor, representando al Perú en escenarios científicos de América, Europa y Asia. Fue miembro de instituciones como la Society of American Gastrointestinal and Endoscopic Surgeons (SAGES) y la International Federation for the Surgery of Obesity and Metabolic Disorders (IFSO). Más allá del prestigio internacional, lo movía el deseo de traer esos conocimientos al país y compartirlos con las nuevas generaciones, convencido de que la medicina peruana debía avanzar al ritmo del mundo.

Su espíritu investigador se reflejó en publicaciones científicas y presentaciones internacionales, destacando siempre por su rigor técnico, su enfoque innovador y su profunda preocupación por el bienestar del paciente. Fue uno de los primeros cirujanos en abordar la cirugía bariátrica como una herramienta de salud pública, impulsando la investigación sobre la obesidad con el objetivo de mejorar la calidad de vida y el pronóstico de miles de personas. Fue uno de los médicos fundadores de la Clínica San Pablo de Surco, participando activamente en la implementación de servicios quirúrgicos innovadores. También se desempeñó como director médico de la Maison de Santé de Chorrillos, donde impulsó estándares de atención basados en organización, calidad y responsabilidad institucional. En ambos centros consolidó su reputación como un profesional exigente, ético y comprometido con el progreso de la cirugía peruana. Su amor por la medicina no fue solo un trabajo: fue una forma de servir. Además de médico, fue científico, investigador y un intelectual incansable, siempre buscando dar un paso adelante. Cada técnica que perfeccionaba o tecnología que incorporaba nacía de su deseo de ofrecer lo mejor a sus pacientes y convertir la medicina peruana en un referente regional. Para él, la excelencia era un acto de responsabilidad.

Esa visión lo llevó a fundar la Clínica Avendaño, la primera y única clínica del país dedicada al tratamiento integral de la obesidad. Desde allí impulsó un enfoque que transformó la forma de comprender esta enfermedad, tratándola no como un problema estético, sino como una condición médica compleja que requiere un abordaje multidisciplinario y empático. Bajo su liderazgo, la clínica reunió a cirujanos, cardiólogos, nutricionistas, deportólogos, ecografistas, endoscopistas, hepatólogos, psicólogos y nutriólogos, todos trabajando de manera coordinada para brindar un tratamiento completo, científico y profundamente humano. Su convicción era que cada paciente debía sentirse comprendido, respetado y acompañado en cada etapa de su proceso. Gracias a este modelo, la Clínica Avendaño se consolidó como referente nacional e internacional, pionera en procedimientos de alta complejidad y en protocolos basados en la evidencia científica más actual. Con ese mismo espíritu innovador creó Endoscopía Quirúrgica, empresa de servicios médico quirúrgicos e importadora de productos médicos de alta calidad, comprometida con la comercialización responsable y con el desarrollo de tecnología confiable para la comunidad médica del país. Con esta iniciativa buscó que los profesionales peruanos contaran con insumos y equipos del más alto nivel, contribuyendo al crecimiento técnico, ético y científico de la práctica médica.

Su pasión por la educación lo llevó a crear el primer programa de formación o fellowship en cirugía bariátrica del Perú, un hito que marcó el inicio de una nueva generación de cirujanos altamente capacitados. Muchos de los especialistas actuales se formaron directa o indirectamente bajo su guía. Su enseñanza iba más allá de la técnica quirúrgica: transmitía una forma de entender la medicina basada en la ética, la precisión, la humildad y el respeto por la vida humana. Su frase constante era «Primum non nocere»: primero, no hacer daño. Para él, ese principio debía ser la brújula moral de todo acto médico. Consciente de la necesidad de fortalecer esta especialidad en el país, fundó la primera Asociación de Cirugía Bariátrica del Perú, además de otras sociedades orientadas a promover la investigación, la educación continua y el intercambio científico. Hoy, esas instituciones continúan su legado, fomentando la colaboración entre profesionales comprometidos con el tratamiento integral de la obesidad y sus enfermedades asociadas.

El Dr. Salinas también fue pionero en la implementación de tecnología avanzada aplicada a la seguridad del paciente. Fue el único cirujano en el Perú, y uno de los pocos en el mundo, en incorporar una «caja negra quirúrgica» en su centro, un sistema que registra cada detalle de las intervenciones para analizarlas, mejorar procesos y garantizar un estándar extraordinario de seguridad. Gracias a esta herramienta, la Clínica Avendaño mantiene un 0% de mortalidad en sus procedimientos bariátricos. Para él, la innovación tenía siempre un propósito superior: proteger la vida. Su liderazgo trascendió los espacios institucionales. Organizó congresos, cursos y encuentros científicos que impulsaron el crecimiento de la cirugía en el país y promovieron el aprendizaje compartido entre especialistas nacionales e internacionales. Su capacidad de convocatoria nacía de la admiración, el respeto y el cariño que generaba: exigente pero justo, apasionado pero generoso con su tiempo y su conocimiento. Su autoridad no se imponía, se inspiraba. El Dr. Salinas fue un médico de ciencia, pero también de profunda humanidad. Tenía la serenidad de quien escucha, la paciencia de quien enseña y la dedicación de quien ama lo que hace. En la Clínica Avendaño era común verlo sonreír a los pacientes, conversar con sus alumnos o revisar un procedimiento con la misma rigurosidad que lo caracterizó toda su vida. Creía que la medicina debía hacerse con amor, empatía y compromiso.

A pesar de una carrera intensa y exigente, siempre encontró tiempo para lo más importante: su familia. Detrás del cirujano incansable estaba el esposo presente, el padre consejero y el abuelo amoroso. Enseñó a sus hijas, yernos y nietos que el éxito no se mide por los logros visibles, sino por la huella que dejamos en los demás. En su hogar, como en su práctica médica, sembró amor, disciplina y fe en el esfuerzo. Su legado no se mide solo en cirugías realizadas o congresos organizados, sino en las vidas que tocó, en las vocaciones que despertó y en la huella humana que dejó en cada persona que tuvo el privilegio de conocerlo. Su historia inspira a nuevas generaciones de médicos a mirar más allá del bisturí y a comprender que la medicina, en su esencia más profunda, es un acto de amor.

Hoy, la comunidad médica peruana recuerda al Dr. Gustavo Salinas Sedó no solo como pionero de la cirugía laparoscópica, NOTES y bariátrica, sino como un símbolo de integridad, dedicación y humanidad. Su ejemplo seguirá vivo en cada profesional que entienda que la ciencia sin empatía está incompleta y que la verdadera modernidad consiste en avanzar sin olvidar el corazón. Porque más allá de los títulos y reconocimientos, su mayor logro fue hacer de la medicina su manera de amar al mundo. Y en ese amor profundo permanece su legado.

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