
En el Día Mundial del Corazón, es importante reflexionar sobre el interés del ser humano por buscar y mantener la salud. En este contexto, encontramos en la mitología griega, a Asclepio, dios de la Medicina y la Curación, más tarde venerado como Esculapio en la sociedad romana. Él fue salvado de la muerte por su padre, el dios Apolo, y educado por el centauro Quirón en el arte de curar e incluso resucitar a los muertos. Zeus, divinidad suprema, encontró que esta actividad representaba un riesgo para el orden de la humanidad; por ello, le provocó una “muerte súbita”, fulminándolo con un rayo. El poder de la electricidad no encontró otro fin que no fuese la destrucción. Sin embargo, siglos más tarde, la historia nos revela un giro inesperado: la electricidad, antes vista como un castigo divino, se transformó en fuente de vida. En particular, una rama de la medicina como la cardiología, a través de la especialidad de la electrofisiología, ha logrado convertir un poder destructivo en una herramienta para sanar, pero, ¿acaso seremos castigados por hacer un mal uso de ella?
Para conocer la dimensión del desarrollo alcanzado, nos permitimos presentar una recopilación de los grandes logros de nuestra especialidad y cómo se han proyectado en nuestros pacientes durante los últimos 10 años de funcionamiento de la Unidad de Arritmias en Clínica Delgado Auna.
Los primeros años: implantando marcapasos
Los intentos del uso de la electricidad para mantener el ritmo del corazón se cristalizaron en el año 1960 con el sueco Arne Larson, a quien se realizó el primer implante de un marcapaso en un ser humano. Desde estos primeros dispositivos voluminosos y condicionados al uso de electrodos intracardiacos, hemos evolucionado a un marcapaso sin cables «leadless», del tamaño de una moneda, colocado a través de un procedimiento mínimamente invasivo y con una batería de larga duración. Gracias a ello, Vicente, de 79 años, paciente renal en diálisis, con bradicardia y síncope a repetición, pudo disfrutar de su familia en casa y recuperó su vida activa al día siguiente del implante de un dispositivo «leadless». Pero los marcapasos no solo llevan el ritmo del corazón, también registran el historial de arritmias y reflejan la funcionalidad del paciente, convirtiéndose en verdaderos testigos silenciosos de su ritmo de vida. Sin embargo, esto nos lleva a cuestionarnos: ¿Es necesario esperar una visita médica para acceder a esa información? Y, si aparece una arritmia con riesgo vital, ¿debemos esperar hasta el próximo control programado dentro de 6 o 12 meses?
En la actualidad, muchos marcapasos tienen la capacidad de transmitir información al médico en tiempo real, mediante su conexión a una “central informática”, sin necesidad de una consulta presencial, lo cual es muy útil -sobre todo para los pacientes de otras regiones o con movilidad limitada-. Hace un par de años, presentamos un trabajo mostrando los resultados de la primera Unidad de Telemonitorización de dispositivos en nuestro país, liderada por médicos y enfermeras especialistas.
La electricidad: nueva cura para desórdenes eléctricos del corazón
¿Acaso podríamos usar la electricidad para curar un desorden eléctrico? Esta pregunta encontró respuesta en beneficio de nuestros pacientes en los primeros años de la década del 80, la radiofrecuencia se empleó para tratar arritmias como las vías accesorias. Desde esa época, la técnica evolucionó hasta abordar prácticamente todo tipo de arritmias. Sin embargo, el gran desafío seguía siendo la arritmia sostenida más frecuente del ser humano: la fibrilación auricular.
La primera descripción de ablación de esta arritmia fue en 1998, cuando Michel Haïssaguerre demostró que sus gatillos se originaban en las venas pulmonares. La aplicación de radiofrecuencia en esa zona consiguió la desaparición de la arritmia. Desde esa fecha, se han publicado innumerables estudios que no sólo muestran un importante desarrollo tecnológico, sino que resaltan una mayor eficacia frente a los medicamentos e incluso tendrían el potencial de detener la evolución natural de la enfermedad. Así como en la Grecia antigua los dioses desataban las fuerzas de la naturaleza para imponerse en sus batallas, la cardiología moderna enfrenta su propio dilema: elegir entre el poder del calor o del frío como estrategia para vencer a la arritmia. Hasta hace algunos años, la radiofrecuencia (energía capaz de coagular un tejido) y la crioablación (congelación tisular de manera controlada) eran las dos fuerzas dominantes. Sin embargo, una nueva estrategia irrumpió en la historia: la electroporación o ablación mediante campo pulsado. Esta innovadora forma de energía aumenta la permeabilidad de los miocitos a través de descargas eléctricas precisas y controladas, induciendo apoptosis celular. En nuestra Unidad, estas energías se han convertido en aliados cotidianos. Historias como la de Doménico, de 45 años, nos recuerdan el verdadero valor de estos avances. Gracias a un procedimiento de ablación, él dejó atrás las palpitaciones, los mareos, dos fármacos antiarrítmicos y las visitas a urgencias, retornando a una vida normal y evitando los riesgos de evolucionar a patologías como la insuficiencia cardiaca, infarto cerebral o incluso la demencia.
Más vidas salvadas gracias a cardiodesfibriladores
En la década de 1980, se hicieron conocidas muchas leyendas del sureste asiático sobre una bruja que arrebataba la vida a los hombres jóvenes mientras dormían. Cada cultura le dio un nombre distinto en su folclore: “Lai Tai” en Tailandia, “Bangungot” en Filipinas, entre otros. Fue finalmente en 1992 cuando los hermanos Brugada describieron un síndrome con un patrón electrocardiográfico característico que explicaba muchas de esas muertes durante el sueño. Desde entonces, se han descrito múltiples arritmias vinculadas a alteraciones genéticas en los canales de sodio, potasio y calcio, conocidas como canalopatías.
Para enfrentar el riesgo de arritmias potencialmente fatales, la medicina recurrió al poder de la electricidad: descargas eléctricas capaces de restaurar el ritmo normal del corazón. Con el tiempo, estos equipos se redujeron al tamaño de un marcapaso, dando origen a los cardiodesfibriladores implantables, dispositivos que revierten arritmias letales en segundos y toman decisiones en forma automática. La historia de Alfonso, de 35 años, lo ilustra con claridad: su vida fue salvada cuando, mientras dormía, su desfibrilador interrumpió una arritmia ventricular maligna, un destino distinto al de su hermano, quien cinco años antes no tuvo esa oportunidad.
Tratamientos más individualizados para cada paciente
Tal como en los mitos griegos, ninguna fuerza actúa por sí sola. En el ser humano, existe una “fuerza invisible”: el sistema nervioso autónomo cardiovascular, formado por el simpático y el parasimpático, es el equilibrio entre la aceleración y la calma. Gracias a este delicado equilibrio, el organismo se prepara para enfrentar situaciones de riesgo; y, a través de la regulación de la frecuencia cardiaca y la presión arterial, garantiza una adecuada irrigación cerebral. Cuando este sistema falla, surgen las disautonomías, que con frecuencia se manifiestan con taquicardia, hipotensión o incluso pérdida súbita de la conciencia (síncope). El avance tecnológico ha dado un giro a nuestra forma de estudiarlas: la prueba de mesa inclinada, o «tilt test», ya no se limita a reproducir un episodio de síncope, sino que nos revela distintos patrones autonómicos, permitiéndonos comprender mejor a cada paciente y orientar un tratamiento más individualizado. El análisis de más de 500 estudios realizados en nuestra Unidad demostró que esta herramienta no sólo aclara el diagnóstico, sino que guía medidas capaces de transformar significativamente la calidad de vida de los pacientes.
La innovación cardiovascular avanza a pasos vertiginosos
Una de las manifestaciones de disautonomía más temida es la bradicardia severa en jóvenes. En 1923, el Dr. Salvador Zuvirán describió a un grupo de pacientes a los que llamó vagotónicos, caracterizados por un marcado predominio del sistema parasimpático o vago, cuyo síntoma más importante era la bradicardia severa. En estos casos, un marcapaso podría resolver el problema, pero en pacientes jóvenes la decisión no resulta sencilla. Fue gracias a los estudios del Dr. José Carlos Pachón que, desde el año 2005, surgió una alternativa al marcapaso: la cardioneuroablación. Mediante la ablación, se logró modificar la inervación cardiaca y abrir un camino para evitar implantar dispositivos. Marcos, de 14 años, es un claro ejemplo. Tras presentar una marcada disminución de su funcionalidad y bradicardia severa, encontró en la cardioneuroablación una solución a su bradicardia. Este procedimiento innovador, el primero en nuestro país, nos recordó que la electricidad aún guarda secretos por descubrir y entender.
Mientras la electricidad se convierte en nuestra aliada, otras formas de tecnología, aparentemente ajenas a la medicina, comienzan a tener un rol en el diagnóstico y tratamiento de las arritmias. El sistema de posicionamiento global, o GPS, que nos permite determinar nuestra ubicación exacta en un mapa, hoy es la base de los sistemas de mapeo tridimensional cardiaco. Estas plataformas permiten determinar la posición exacta de un catéter dentro del corazón y ofrecer al operador la posibilidad de «navegar» dentro de las cámaras cardíacas con una precisión y seguridad antes inimaginables. La evolución de estos sistemas de navegación, junto con el perfeccionamiento de los catéteres, ha marcado un antes y después en el tratamiento de las arritmias. Hoy, es posible abordar prácticamente cualquier tipo de desorden eléctrico en menor tiempo, con mayor eficacia y, sobre todo, con una seguridad que hasta hace poco parecía inalcanzable. Entre los avances más significativos, destaca la reducción, e incluso la eliminación, del uso de radiación ionizante, un beneficio invaluable para los pacientes, y especialmente trascendente cuando se trata de niños. En el Congreso Latinoamericano del Ritmo Cardiaco (LAHRS 2025), nuestra Unidad presentará los resultados de la ablación en pacientes pediátricos utilizando navegadores, con un dato que habla por sí solo: más del 75% de los casos no requirieron el uso de rayos X. José, atleta juvenil de 16 años, había dejado de entrenar por una taquicardia cuyo tratamiento implicaba un alto riesgo. Gracias a un procedimiento de ablación con navegador, recuperó su vida deportiva y volvió a la competencia sin limitaciones.
Los avances alcanzados en apenas unas décadas son la mejor prueba de que la electricidad, otrora instrumento de castigo divino, se ha convertido en una aliada inseparable de la vida. En ese camino, la Unidad de Arritmias de la Clínica Delgado, que proyecta su trabajo a la excelencia como Unidad Clínica de Alto Desempeño en el manejo integral de las arritmias, asume el compromiso de convertir estos logros en beneficios tangibles para cada paciente. Así, nos unimos a la Federación Mundial del Corazón en su misión de hacer que cada latido cuente, promoviendo una mejor salud cardíaca y un mejor acceso a los cuidados que salvan vidas.
